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Mensaje a la opinión pública y a la comunidad de Guadalupe

Queridos hermanos y hermanas de Guadalupe, y todos cuantos comparten la preocupación por su patrimonio religioso, histórico y cultural:

Como Arzobispo de Trujillo, me dirijo a ustedes con cercanía y con el sincero deseo de que sigamos caminando unidos. Quiero reafirmar mi compromiso y el del Arzobispado con la conservación y restauración de la iglesia y el antiguo convento de Nuestra Señora de Guadalupe. Custodiar este lugar, tan entrañablemente unido a la fe y a la historia de su pueblo, es una responsabilidad a la que no renunciamos.

Sé cuánto anhelan ver recuperado este lugar querido. Comparto ese deseo y acojo la preocupación que las dificultades del proyecto suscitan en la comunidad. Reconozco con gratitud los esfuerzos de quienes han trabajado por su restauración y la esperanza que esta iniciativa ha despertado. No tomo esta decisión al margen de ustedes ni con indiferencia ante sus inquietudes: precisamente porque compartimos ese anhelo, siento el deber de cuidar que la obra se realice con transparencia, rigor y respeto por el patrimonio que hemos recibido.

La decisión de solicitar la rescisión del convenio vigente se apoya en la evaluación del equipo técnico del Arzobispado. Su revisión ha identificado fallas administrativas y técnicas de fondo en las bases, el perfil del proyecto y la contratación de la supervisión. Por su naturaleza y alcance, consideramos que estas observaciones son insubsanables dentro del procedimiento vigente y que no es responsable continuar en las condiciones examinadas. Expongo estos fundamentos sin atribuir responsabilidades individuales ni juzgar las intenciones de las personas.

Detrás de estas observaciones no hay solamente cuestiones técnicas o administrativas: hay exigencias morales que no puedo eludir. Como pastor y responsable de esta Iglesia particular, me siento llamado a actuar por fidelidad al Dios de la Verdad, de la Justicia, de la Misericordia y de la Paz. Esa fidelidad me exige no ignorar lo que se ha advertido, custodiar con rectitud los bienes confiados a la Iglesia, escuchar con misericordia las inquietudes de la comunidad y buscar la paz sin ocultar las dificultades. No se trata de enfrentar a unos con otros, sino de asumir con conciencia y responsabilidad una decisión difícil, al servicio del bien común.

Valoro la oportunidad de financiación y comprendo la inquietud que provoca la posibilidad de perderla. Sin embargo, por importantes que sean los recursos disponibles, no pueden ocupar el primer lugar por encima de la verdad, la rectitud de los procedimientos y el cuidado de nuestro patrimonio. Mi responsabilidad no es solamente procurar que una obra se haga, sino velar por que se haga bien. La urgencia y las expectativas, aun siendo legítimas, no me dispensan de este deber de conciencia.

Quiero decirlo con claridad y esperanza: solicitar la rescisión de este convenio no significa abandonar la restauración. Nuestro compromiso con la iglesia y el antiguo convento permanece firme, aunque no podamos continuar con el procedimiento cuestionado. Seguiré promoviendo, junto con las instancias del Arzobispado y en coordinación con las autoridades correspondientes, la búsqueda de caminos legales, técnicos y administrativos viables para su recuperación. Lo haremos con perseverancia y prudencia, sin prometer recursos o formas de ejecución que todavía deban evaluarse.

Mi disposición al diálogo y la del Arzobispado permanecen abiertas. Deseo escuchar sus preocupaciones, explicar las razones de esta decisión y buscar juntos caminos que nos permitan avanzar. Aunque este diálogo no supone reabrir la decisión sobre el convenio vigente, tiene un sentido profundamente pastoral: cuidar la unidad y la comunión de todos. Podemos expresar nuestras diferencias con respeto, sin convertirlas en distancias que nos separen. La comunión no exige callar las inquietudes, sino escucharnos con verdad y caridad, manteniendo vivo el propósito que nos une.

Querida comunidad de Guadalupe: les expreso mi cercanía de pastor y los invito a seguir trabajando juntos, con responsabilidad y esperanza. Cuidemos tanto los muros que guardan nuestra historia como los vínculos de fe y fraternidad que nos hacen comunidad. Encomiendo a Nuestra Señora de Guadalupe este camino y a cada uno de ustedes. Que ella nos ayude a obrar con verdad, justicia y misericordia, a conservar la paz y a unir nuestros esfuerzos para continuar la obra de restauración sobre bases firmes.

Trujillo, 19 de octubre de 2026

✠ Mons. Alfredo Vizcarra Mori, S. J.

Arzobispo Metropolitano de Trujillo

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