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“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
Reflexiones Arzobispo

“Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”

(Emaús) Por: Mons. Miguel Cabrejos Vidarte. Cristo entra en nuestra historia con signos precisos descritos en el Evangelio de San Mateo. Y es San José, quien a través de su paternidad legal, tiene la función de introducir a Jesús en la estirpe de David, es decir en la corriente viva de la esperanza y de la promesa proclamada por el profeta Isaías. José recibe el anuncio sorprendente del Ángel con obediencia amorosa y llega a ser así, íntimo colaborador de Dios en el gran proyecto de la Encarnación.

San Mateo nos presenta dos anuncios de cercanía y presencia de Dios al interior de nuestra historia. Esto sucede con la declaración: “Será llamado Enmanuel, esto es “Dios con nosotros”, y a través de las últimas palabras del Cristo Resucitado en Galilea: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (28, 20).

Así, el cristianismo es el canto de una presencia divina, más aún de una fraternidad total entre Dios y el hombre. Volvamos a la frase: “José, no temas de llevar a tu casa a María”. Estas palabras de la Anunciación a José narradas por San Mateo diluyen la tensión del corazón del primer hombre que ha amado a María con particular intensidad.
    
Una antigua tradición cristiana decía que “José la amó con todo el corazón según la voluntad de Dios”. Esta frase es también la fuente, el origen de la gran revelación del misterio que está cumpliéndose en María: “Aquel que es engendrado en ella viene del Espíritu Santo”. Esta es la sorpresa extraordinaria que deberá trastornar la vida de José. Se abre entonces para José una vida nueva y una misión única, aquella de ser el padre legal de Jesús.

La historia de José enseña a las parejas de todos los tiempos la gran lección de saber esperar la irrupción del ángel de Dios, esto es de la presencia activa, operante del misterio y de lo divino que disuelve tantos nudos de sufrimiento y de inmadurez y hace brillar lentamente el esplendor del amor.

Pero hay otra lección que proviene sobre todo de José. Según el Génesis, esposo y esposa deben ser “un solo ser”; esto es, una única existencia, una autentica comunión de vida. Aun así cada uno, conserva siempre, también en la intimidad más profunda, su propia identidad, su misterio personal.

Esta lección de respeto mutuo, testimoniado por José en relación a María podría ser transcrita para todas las otras parejas con los versos de una finísima obra del poeta libanés en su lírica el “Profeta”. Dice así: “Han nacido juntos en el matrimonio y juntos estarán en la eternidad. Estarán juntos aun cuando las blancas alas de la muerte dispersarán vuestros días. Estarán juntos aun en la silenciosa memoria de Dios. Pero dejad que haya espacio en vuestro estar juntos y dejad que los vientos del paraíso dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una cadena. Cantad, bailad juntos y sed alegres, pero dejad aun que cada uno sea sólo. Entregaos vuestros corazones pero no para poseerlos, porque sólo la mano de Dios puede llenar y contener vuestros corazones. Estad de pie juntos, pero no demasiado cerca, porque las columnas del templo están separadas y el eucalipto y el ciprés no crecen el uno bajo la sombra del otro”.

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