Publicaciones

Reflexión Evangelio de hoy: El fuego traído por Jesús
NOTICIAS

Reflexión Evangelio de hoy: El fuego traído por Jesús

Reflexión del Santo Evangelio, según (Lc 12, 49-53)

Por. R.P. Esteban Aitor.

(Colaborador)

Jesús es inconfundible. Su palabra viva y penetrante, la frescura de sus imágenes y parábolas, su lenguaje concreto e imprevisible no engañan. A Jesús -nos recuerda J.A. Pagola- le encanta vivir y hacer vivir. Su pasión es la vida: la vida íntegra, pujante, sana, la vida vivida en su máxima intensidad: «Yo soy la vida»; «he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia». Por los caminos de Galilea Jesús se esforzaba por contagiar el «fuego» que ardía en su corazón. En la tradición cristiana han que­dado huellas diversas de su deseo. Lucas lo recoge así: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». Un evangelio apócrifo más tardío recuerda otro dicho que puede provenir de Jesús: «El que está cerca de mi está cerca del fuego. El que está lejos de mí está lejos del reino».

Su mirada no está obsesionada por el éxito, lo útil, lo «razona­ble», lo convencional. Cuando sentimos a Dios como Padre y a todos como hermanos y hermanas, cambia nuestra visión de todo. Lo primero es la vida dichosa de todos, por encima de creencias, cos­tumbres y leyes.

Por eso Jesús no se pierde en teorías abstractas ni se ajusta a sistemas cerrados. Su palabra despierta lo mejor que hay en nosotros. Su mensaje sacude, impacta y transforma. Sus contemporáneos ­captan en él algo diferente.

Jesús desea que el fuego que lleva dentro prenda de verdad, que no lo apague nadie, que se extienda por toda la Tierra y que el mundo entero se abrase. Quien se aproxima a Jesús con los ojos abiertos y el corazón despierto va descubriendo que el «fuego» que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Esto es lo que le mueve y le hace vivir buscando el reino de Dios y su justicia hasta la muerte.

La pasión por Dios y por los pobres viene de Jesús, y solo se enciende en sus seguidores al contacto de su Evangelio y de su es­píritu renovador. Va más allá de lo convencional. Poco tiene que ver con la rutina del buen orden y la frialdad de lo normativo. Sin este fuego, la vida cristiana termina extinguiéndose.

El gran pecado de los cristianos será siempre dejar que este fuego de Jesús se vaya apagando: sustituir el ardor del amor por la doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su po­der transformador.

¿Para qué sirve una Iglesia de cristianos instalados cómodamente en la vida, sin pasión alguna por Dios y sin compasión por los que sufren? ¿Para qué se necesi­tan en el mundo cristianos incapaces de atraer, dar luz u ofrecer calor?

Las palabras de Jesús nos invitan a dejarnos encender por su Espíritu sin perdernos en cuestiones secundarias o marginales. Quien no se ha dejado quemar por Jesús no conoce todavía el po­der transformador que quiso introducir él en la Tierra. Puede practicar correctamente la religión cristiana, pero no ha descu­bierto todavía lo más apasionante del Evangelio.

Related posts

Deja una respuesta

Required fields are marked *

WordPress Theme built by Shufflehound. Copyright © 2017 Arzobispado Metropolitano de Trujillo Todos los Derechos Reservados