Publicaciones

P. Antonio de Saavedra y Leiba, Deán de la Catedral
Formación en la Fe

P. Antonio de Saavedra y Leiba, Deán de la Catedral

Don Antonio de Saavedra y Leiba (1636-1707) es una de las figuras más conspicuas y respetadas de la ciudad de Trujillo. Cronistas de la época narran que los miembros de las aristocráticas familias trujillanas iban en peregrinación hacia “la vieja Iglesia de Huanchaco”, para rendirle oraciones y pedir su intercesión ante una causa imposible. Evidencia de ello es que junto a su actual sepultura, ubicada al lado izquierdo del altar mayor del Santuario de Nuestra Señora de Huanchaco, se puede apreciar una placa de mármol de 1907, ofrecida por la Cámara de Comercio.

Hijo del oidor Don Fernando de Saavedra y Doña Catalina de Aliaga y Bermeo, nació en Lima en 1636. Desde temprana edad manifestó su deseo de ser sacerdote. Cuando terminó sus estudios superiores en la Universidad de San Marcos, se graduó como Bachiller en Sagrada Teología. Fue entonces enviado a Trujillo para desempeñar el cargo de Racionero. En 1670 es promovido a Canónigo de Merced y en 1674 a Arcediano.

En 1675 es nombrado Deán de la Catedral. A la muerte del obispo, Mons. Francisco de Borja, en 1689, tuvo que asumir la responsabilidad de conducir la diócesis hasta la llegada del sucesor, Mons. Pedro Días de Cienfuegos en 1696. Así mismo desempeñó el cargo de Comisario del Santo Oficio.

En 1700 por encargo del Virrey Conde de la Monclova fue nombrado Juez de Aguas, y entre sus realizaciones más importantes destaca la redacción y puesta en funciona-miento del famoso “Reglamento de Aguas”, un documento que organizaba la distribución de este preciado recurso entre las haciendas y chacras de los valles de Trujillo y sus alrededores. Vale recalcar que dicho reglamento se utilizó hasta mediados de 1950, es decir, durante dos siglos y medio.

La obra pastoral por la que más es recordado hasta el día de hoy es el fomento de la veneración a la imagen de Nuestra Señora del Socorro y la rehabilitación de su Santuario en Huanchaco, así como la fundación de la Peregrinación Quinquenal de dicha imagen desde Huanchaco hasta Trujillo, peregrinación que todavía continúa realizándose cada cinco años.
Queda corto el espacio para mencionar todas las demás obras que hizo este hombre de Dios en pro del bienestar de la ciudad y sobre todo por mejorar las condiciones de vida de los nativos, sujetos tantas veces a malos tratos.

En 1707, contando 71 años, murió en el pueblo de Mansiche, donde se había retira-do tras renunciar al deanato y, según su disposición testamentaria, fue enterrado en el Santuario de Huanchaco, en una sepultura que él mismo mandó construir. Desde ese momento fue considerado un hombre santo, y son muchas las gracias que los fieles han recibido y continúan recibiendo por su intercesión.

Como reza en el retrato al óleo del ejemplar sacerdote, datado del siglo XVIII: “su memoria vivirá en la de todos”. (Gabriel Prieto Burmester)

Related posts

Deja una respuesta

Required fields are marked *

WordPress Theme built by Shufflehound. Copyright © 2017 Arzobispado Metropolitano de Trujillo Todos los Derechos Reservados