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Mensaje del Arzobispo por Fiestas Patrias 2014
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Mensaje del Arzobispo por Fiestas Patrias 2014

Compartimos con todos los fieles el mensaje del Arzobispo de Trujillo, Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte OFM., con ocasión de las celebración  del 193º aniversario de la Independencia del Perú. La Misiva fue titulada por el prelado trujillano como: “Amar al Perú”.

     En esta fecha memorable recordamos el grito de libertad de los peruanos de hace 193 años. El Perú es una tierra bendecida por Dios en su diversidad, con una riqueza natural invaluable que mereció la frase: “vale un Perú”.

     Esta riqueza nada sería sin la presencia y el empuje del carácter del hombre peruano; por eso, la gloria de su historia refleja la fortaleza de este pueblo que ha aprovechado y convivido con su entorno natural, venciendo los obstáculos que éste le presentaba como retos.

     Decir Perú expresa múltiples contenidos: es la nación en la que hemos nacido, es el territorio que nuestros antepasados han dominado, es fruto del encuentro de sangres diversas, es una cultura que se expresa en la vida cotidiana y en los grandes temas del pensamiento y del afecto.

     El Perú no es una comunidad improvisada ni fruto de una circunstancia, no es réplica de otros continentes, es obra de su historia. Progresivamente nació una sociedad que unió la cultura andina, española, africana y posteriormente otras culturas.

     Por lo tanto, no se puede amar al Perú ignorando su grandeza natural, histórica, cultural y religiosa, ni cerrando los ojos ante su enorme diversidad y desatendiendo sus más urgentes necesidades. Amar al Perú, es conocerlo y aceptarlo en todo su esplendor y grandeza, con sus problemas y esperanzas, y este es el gran reto para todos los peruanos.

     Al conmemorar hoy el día de la independencia del Perú, debemos evocar que el 15 de julio de 1821, el Ayuntamiento, liderado por el Arzobispo Bartolomé De las Heras, entregó el acta de adhesión a la Jura de la Independencia, en la que se dijo “la voluntad General está decidida por la independencia del Perú, de la dominación española y de cualquier otra extranjera”.

     El Arzobispo, el clero y las congregaciones religiosas, participaron en la proclamación de la independencia del 28 de julio y al día siguiente celebraron el Te Deum en la Catedral, agradeciendo a Dios por este magno acontecimiento. Desde aquella ocasión se celebra el Te Deum en todas las catedrales y templos del territorio patrio.

     En todo el Perú, el clero criollo y mestizo, apoyó la causa independentista. Por eso el libertador José de San Martín reconoció la decidida participación de la Iglesia Católica, a tal punto que el Sacerdote Toribio Rodríguez de Mendoza, considerado precursor de la independencia del Perú, lideró la conformación del Primer Congreso Constituyente y asumió la presidencia de la junta preparatoria del mismo en 1822.

     Igualmente, el Padre Francisco Javier de Luna Pizarro ejerció la presidencia interina del Perú en breves períodos de 1822 y 1833. Fue también diputado, senador y Presidente de los Congresos Constituyentes de su época, por consiguiente el mentor de las Constituciones Políticas de 1823, 1828 y 1834; siendo reelegido presidente del Congreso en cuatro oportunidades.

     Recordamos a todos aquellos que lucharon y soñaron por un país libre, motivados por su fe católica y acompañados por la Iglesia que se constituyó en la base de nuestra cohesión nacional. Por eso el Estado la reconoce en el artículo 50 de la actual Constitución Política, como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú.

     Hoy, ¿qué nos une a los peruanos?, ¿nuestras ricas tradiciones?, ¿la esperanza de un futuro mejor?; ¿el esfuerzo por mejorar la salud, la educación y cualquier otra forma de promoción humana?.

     Víctor Andrés Belaunde decía, “no creemos en la virtualidad misteriosa de un esquema político o de una fórmula social, ni en el mito de un progreso mecánico indefinido. Fórmulas nuevas, instituciones, procedimientos, necesitan ser aplicados por hombres y el sentido de su utilización depende exclusivamente de la orientación ética del individuo”(1).

     Haciendo eco de este gran pensador peruano y recogiendo la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, necesitamos formar personas, crear espíritus, apostar por una filosofía constructiva, con una ética cada vez más exigente, una identidad más pura, un sentimiento del deber más profundo, una responsabilidad más grande y, aquello que no puede explicar ninguna filosofía materialista y positivista, un espíritu de verdadero sacrificio.

     Proclamamos que el valor de la libertad no es negociable, es un valor que nos alienta a decir la verdad y a realizar las más nobles obras; nos impide quedarnos estancados, nos hace ver la realidad y nos empuja a transformarla.

     Amar al Perú es mucho más que gritar “Viva el Perú”. Es un amor y respeto por lo nuestro. Es cantar la frase “que Dios a la gloria le cambió de nombre y le puso Perú”. Amar al Perú es tener el coraje, la mirada firme y la mano laboriosa para remediar valientemente sus errores, superar todo aquello que amenace su grandeza y lograr el tan deseado bien común.

     Amar al Perú es defender nuestros valores, nuestra identidad, defender la vida desde su concepción hasta la muerte natural, defender y promover la familia, es trabajar honradamente por el progreso integral de todos los peruanos.

      Finalmente, recordemos el lema que se acuñó para la moneda peruana: “Firme y feliz por la unión” para seguir construyendo un país con dignidad y mejor calidad de vida con la seguridad que el Dios de Jacob que canta nuestro himno patrio, bendecirá y fortalecerá siempre este esfuerzo.

¡Felices Fiestas Patrias!
Trujillo, 25 de Julio del 2014

+ MIGUEL CABREJOS VIDARTE, O.F.M.
Arzobispo Metropolitano de Trujillo

     LA REALIDAD NACIONAL. Cuarta edición prologada y anotada. Series reflexiones sobre el Perú. Interbank, Lima, 1980. Pg. 210.

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