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Madre, construyamos Iglesia
Reflexiones Arzobispo

Madre, construyamos Iglesia

(Por: Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM) Inmaculada Virgen de la Puerta, a ti que escuchas nuestro llanto y ves nuestros sufrimientos y heridas. Te contemplamos como la flor más bella del Jardín de Dios, como la armonía de todas las melodías y la fragancia de todos los perfumes que emanan de tu belleza celeste. Acudimos a ti con toda confianza porque eres el eco de la Palabra divina de nuestra salvación.

Bajo tu mirada humilde y compasiva, volvemos a encontrar el sentido de nuestra dignidad de hijos de Dios y nos atrevemos a levantar los ojos al cielo para implorar el perdón de nuestras faltas.

Desde el primer anuncio del Arcángel Gabriel, Tú te convertiste en Esposa del Dios vivo, en Madre del Hijo Único, en Virgen Inmaculada y fecunda, bendita entre todas las mujeres y asociada por el Espíritu a toda la obra de la salvación. Santa María, «desde los orígenes […] fuiste reconocida como signo claro, de rostro materno y misericordioso, de la cercanía del Padre y del Hijo, con quienes nos invitas a entrar en comunión».

Virgen y viajera, Virgen contemplativa y activa en un mismo amor por la Palabra, seguiste a tu divino Hijo a lo largo de su aventura terrena y mucho más allá de su pasión, de su muerte y resurrección. Tú, la Mujer dolorosa al pie de la cruz y la Orante silenciosa de Pentecostés, te convertiste en Madre de la Iglesia, en Reina inseparable de la Realeza de Cristo sobre el universo.

Por ello, nos eres cercana, Madre bienaventurada y compasiva, Madre de la Sagrada Familia y Madre de toda la familia humana, a la que sueñas congregar en el Reino de Dios. Guárdanos en la fidelidad a tu alianza y seremos ciudadanos dignos del Reino de Dios, Reino de justicia y de paz, de ternura y de misericordia, prometido a todos aquellos que creen contigo.

Te imploramos nos visites de nuevo para iluminar el camino de la evangelización en nuestra época olvidadiza de Dios, pues tú eres la memoria viva de sus gracias, la estrella polar en el firmamento de sus maravillas.

En todas partes eres Reina, Reina del cielo y Reina de la Tierra, Reina de los Apóstoles y de sus sucesores. Inseparable del Espíritu Santo. En cada Eucaristía tu ternura maternal envuelve a toda la Asamblea y la une inefablemente a la divina Comunión.

Madre soberana, ayúdanos a acoger nuestra misión como tú acogiste la tuya en la aurora de la salvación. Que el Espíritu Santo, conciba en nosotros la obediencia a la Palabra, que nos convierte en hermanos y hermanas.

Cada visita tuya a nuestro corazón nos invita a la conversión, nos apremia a vivir una caridad más ardiente hacia todos, sobre todo, hacia los más necesitados. Construirte una iglesia, ¿no es acaso reunir a tu pueblo en un recinto sagrado donde la Palabra de Dios toca los espíritus y los corazones? Construirte una iglesia ¿no es permitirte unir a tus hijos en una sola familia bajo un mismo techo, alrededor de una misma mesa? ¿No es abrir un espacio de fraternidad, de reconciliación y de paz en el corazón de nuestras sociedades marcadas por los azotes de la injusticia, de la droga y de la violencia?

Madre de misericordia, abrazamos esta misión de construir la Iglesia contigo, para que todos juntos podamos glorificar a Dios.
Estamos aquí hoy delante de ti, Madre santísima, Madre del Dios verdadero, para renovar nuestra fe en Aquel que te eligió como mensajera de su Evangelio.

Pidamos juntos a Dios, Tú, Madre nuestra, y nosotros contigo, como una sola familia, que aumente nuestra fe, la purifique, la fortalezca, la haga más valiente y radiante, para que el mundo crea en el nombre de Jesús, Hijo del Dios vivo, nuestro único Salvador. “Nuestra fe sólo permanece viva si se comunica” ¡Que nuestra fe sea creadora y conquistadora!

Sí, bendito sea Dios por el Hijo de tus entrañas, Madre amantísima; bendito sea Dios por tu gloria, Reina del Cielo; bendito sea Dios por tu presencia entre nosotros en esta casa sagrada construida gracias a tus desvelos, Madre de la Iglesia, Inmaculada Virgen de la Puerta, Reina del Norte del Perú y de la Paz universal.

(Publicado en Emaús, mayo 2014)

 

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