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Jesús camina con nosotros
Reflexiones Arzobispo

Jesús camina con nosotros

(Por: Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM.Arzobispo Metropolitano de Trujillo).- San Pablo (1Tes 4, 17) afirma: “estaremos siempre con el Señor en una comunión de amor y de eternidad”. Pero para estar en comunión con Dios hay que trabajar, luchar, orar, vencer, porque la muerte moral que tiene mil rostros, como dice San Pedro, “ronda como león rugiente, buscando a quien devorar” (1Pe 5, 8).

¿Y cuáles son los rostros de la muerte moral hoy? ¿No es acaso la corrupción que se ha desbordado? ¿que la deshonestidad gane a la decencia? ¿que el robo al dinero público avance de múltiples formas? ¿que no se respete la vida y da la impresión que la vida no vale nada? ¿acaso el efecto social de la corrupción y de la impunidad no alimenta una peligrosa indignación ciudadana? Lo que se siembra, se cosecha. Si queremos cosechar el bien, no sembremos el mal. La conciencia moral de la sociedad debería frenar la corrupción, la impunidad, la deshonestidad. Debemos volver a apreciar en nuestra vida la lealtad, la decencia, el respeto, la integridad.

La vida cristiana, aparte de alabar al Señor y honrarlo mediante manifestaciones externas, exige que se cumpla todo lo que está prescrito en los Diez Mandamientos, que repite -¡con cuánta claridad y eficacia!- la ley natural impresa en el corazón de todo hombre. Se trata de decir “no” al mal, en todas sus formas. Precisamente por haber proclamado uno de esos “no te es lícito”, la cabeza de Juan fue cortada y llevada en una bandeja. Pero ella resplandece por todos los siglos. No hay nada más constructivo en la sociedad que el “no te es lícito”.

No hagamos gala del reduccionismo antropológico que mutila la dimensión espiritual de la persona humana y exalta su dimensión exclusivamente material, porque allí está la base de muchos de los problemas de la sociedad actual. Es necesario hacer comprender que debemos tener una recta visión antropológica.

No vivimos unos al lado de otros por casualidad; todos recorremos un mismo camino como seres humanos. Por eso es esencial tener una actitud responsable ante Dios, reconociendo en Él la fuente de la propia existencia y tener una actitud responsable ante los demás, cumpliendo nuestras obligaciones y deberes, respetando la dignidad humana y considerando que nuestro derecho termina donde comienza el derecho del otro.

Sin un fundamento trascendente, la sociedad es sólo una agrupación de ciudadanos, y no una comunidad humana llamada a formar una gran familia. La declaración universal de los derechos humanos no puede quedar sólo en el papel.

San Jerónimo decía: “Toda iniquidad, opresión e injusticia es un delito de sangre y, aunque no mata con la espada, mata con la intención”. “Cierra los ojos para no ver la maldad”: ¡Feliz conciencia, la que no escucha y no contempla el mal! A “proceder con justicia”, es decir, a considerar la ley divina como lámpara que ilumina el camino de la vida.

En este caminar, Jesús está con nosotros: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Está en su Palabra, que es luz en el camino del hombre. Está en los Sacramentos, que son fuente de agua viva. Está en el Pueblo de Dios, “cuando dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí yo estoy en medio de ellos”. Está en la Eucaristía, “presencia real de Cristo en su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad”.

“El que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna”. Hermano, hermana: Escoge tu vida amando a Dios y a los demás, porque sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Siguiendo a la biología, diríamos que el ser humano lleva en su “genoma” la huella profunda de Dios-Amor y lleva también el aliento de Dios desde la Creación y el “Soplo” del Espíritu de Jesús desde Pentecostés para ser perdonados y renacer siempre.

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