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Imagen vital de la madre
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Imagen vital de la madre

(Por: Dr. José Esquivel Grados) El milagro más singular, qué duda cabe, es la vida, la misma que se materializa gracias a un ser de excepcionales dimensiones: la madre. Considerando que su hijo es sangre de su sangre, parte tangible de su ser y su misma esencia, lo ama con verdadera pasión. Siente siempre de cerca la alegría y la tristeza de su hijo; pues es feliz con él y también sufre desgarradoramente cuando él sufre.

A la majestad de las progenitoras han sido dedicadas frases célebres como “Las madres perdonan siempre: han venido al mundo para eso” del célebre Alejandro Dumas o “Madres, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo” de León Tolstoi; también versos fecundos y sensitivos como “Madre, voy mañana a Santiago, / a mojarme en tu bendición y en tu llanto” del poeta universal César Vallejo; los mismos que grafican el significado y la trascendencia del ser humano que genera la vida en su vientre.

Del mismo modo, emerge reluciente la imagen vital de la Madre entre todas las madres, la Virgen María. Precisamente, respecto de la Madre del Salvador, el Papa Francisco en su alocución en la basílica de Santa María la Mayor de Roma ante la Salus Populi Romani, el sábado 4 de mayo de 2013, expresó quince de sus rasgos paradigmáticos, destacando que: su guía maternal nos conduce a estar cada vez más unidos a su Hijo Jesús; nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad, a tender cada vez más hacia lo alto; nos da fuerza, nos muestra el camino de su Hijo; nos sostiene al afrontar y vencer las dificultades de nuestro camino humano y cristiano; es maestra de la verdadera libertad; toda su existencia es un himno a la vida, un himno de amor a la vida, que ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo; y, es la mamá que nos enseña a ser fecundos, a estar abiertos a la vida y a ser cada vez más fecundos en el bien, en la alegría, en la esperanza, a no perder jamás la esperanza, a donar vida a los demás, vida física y espiritual.

Tal es la imagen de María Santísima, imagen convertida en el nexo sagrado entre Dios y la Humanidad. Ella encarna el signo del amor sin límites; pero también del sufrimiento, pues sintió el más grande dolor al ver que flagelaron y crucificaron a su Hijo, por los “delitos” de querer salvar a la humanidad, de amar sin barreras al prójimo, de perdonar… Ciertamente, sólo su corazón lleno de infinito amor fue capaz de resistir tanto dolor.

En mayo, el mes de la madre, que la imagen señorial de la Virgen María nos permita reflexionar hondamente sobre nuestra condición de cristianos y guíe nuestras vidas para siempre, para que seamos capaces de perdonar, de amar al prójimo, de sufrir por los demás…

(Publicado en Emaús, mayo 2014)

 

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