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Historia de amor
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Historia de amor

(Por P. Nilton Saavedra Falcón) El día 13 de mayo a las 6 p.m., por la misericordia de Dios y por la imposición de manos de Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte OFM, siete diáconos recibimos la ordenación sacerdotal, y un seminarista, la ordenación diaconal. Todos tenemos algo en común, participamos de la misma historia, “el llamado al amor misericordioso de Dios”.

El Señor Jesús, por intermedio de un amigo sacerdote, me llamó a los 20 años. Lo primero que surgió en mí es el temor a equivocarme. Aun así, acepté seguir su llamado y permití que Dios inicie en mí su historia de amor. Mis temores fueron reemplazados por la certeza de la fe. “Aunque uno sea infiel, Dios permanece fiel, porque no puede contradecirse a sí mismo”. Nuestra única seguridad es la fidelidad de Cristo que, a pesar de nuestras limitaciones personales, jamás nos quita su amor. ¡Dios nunca abandona! Él ha puesto en mi camino un arzobispo paternal y comprensivo, amigos sacerdotes, hermanos como usted, que me hacen sentir la cercanía de Dios.

En la fiesta de la Virgen de Fátima, el Señor Jesús me ha confirmado su llamado, regalándome el don del presbiterado. Al salir de la ceremonia se acercaban a felicitarme y me decían: “gracias por tu respuesta generosa a Dios”. Hoy, con el corazón contrito, les comparto que el único generoso es Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, por depositar su tesoro en mí, humilde vasija de barro.

No hay palabra capaz de describir la felicidad que otorga el seguimiento a Cristo. Por eso, solo me queda invitar a los jóvenes a escuchar la voz dulce y amical de Dios, que nos llama a su servicio. Animar a mis hermanos seminaristas a la parresia de la fe y recomendarles una jaculatoria que me enseñó un anciano sacerdote y que he repetido todos los días: “Señor, permíteme ser tu sacerdote”. Y ahora le doy gracias a Dios por haberme escuchado. Me he acostumbrado a esa linda jaculatoria, pienso seguir repitiéndola, pero esta vez como sigue: “Señor, ayúdame a ser tu sacerdote para siempre”. 

Publicado en Emaús, junio 2014. 

 

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