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¡Gracias por su testimonio de fidelidad, fe y amor!
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¡Gracias por su testimonio de fidelidad, fe y amor!

Mensaje del Sínodo de los Obispos a las Familias.- En octubre se celebró el Sínodo Extraordinario sobre la familia en Roma; en el que se ha preparado un documento de trabajo que será discutido en todas las diócesis del mundo para preparar el Sínodo sobre la Familia, anunciado para octubre del 2015. Será este segundo sínodo el que presente una serie de recomendaciones al Papa, y él las evaluará y ofrecerá orientaciones a la Iglesia universal.

La reciente reunión, que tuvo como insumos las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, ha dado como fruto el Mensaje del Sínodo de los Obispos a las familias de todo el mundo. Les ofrecemos algunos extractos:

“Como lo hacía durante sus reco-rridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas.

Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el estrés de una ansiedad que descuida la reflexión serena.

Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados “en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (Evangelii-gaudium, 55), que humilla la dignidad de las personas.

Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las nece-sidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones.

Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víc-timas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad.

Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.
El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don.

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aún más allá del vigor y de la frescura juvenil.

La familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.

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