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Cuaresma: es tiempo de conversión
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Cuaresma: es tiempo de conversión

(Por: P. Jaume Benaloy Marco) Jesús nos indica en su primer discurso que es posible convertirse, cambiar, renovar. Él puede sanar, perdonar y dar vida a los muertos. Es posible el cambio, el inicio de algo nuevo y esperanzador. Por eso, es tiempo de conversión. No sólo en cuaresma, sino siempre, pero ahora lo celebramos de forma particular.

Es tiempo de volver al Dios que tanto nos ama y envió a su Hijo único para que creamos en Él y tengamos Vida abundante y eterna. Hay otra oportunidad para todos, si queremos cambiar el mundo y comenzamos por nosotros mismos.

“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, cantamos en el Pregón pascual. ¡Hay perdón de Dios! “Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia”, anuncia el Papa Francisco en Evangelii Gaudium (EG 3). También recuerda a los sacerdotes que “hay que acompañar con misericordia y paciencia (…) el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor” (EG 45). En esta cuaresma no desaprovechemos la oportunidad que el Dios, rico en misericordia, nos ofrece a través del sacramento de la confesión.

Con ocasión de la Cuaresma, el Papa Francisco ha escrito un Mensaje, inspirándose en las palabras de san Pablo: «conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por ustedes para enriquecerles con su pobreza» (2 Cor 8, 9). Así se dirige Pablo a los cristianos de Corinto para alentar su generosidad en favor de los de Jerusalén que estaban pasando necesidad.

Ante este hecho, el Papa Francisco nos pregunta: “¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?”. Concluye deseando “que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona.

Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza”. Sin embargo, la conversión no puede reducirse a un ámbito meramente privado o individual. Así lo manifiesta el Papa: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una ‘simple administración’. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un ‘estado permanente de misión’ (…) El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo” (EG 26).

Es Cuaresma. No tengamos miedo a la conversión, a la necesaria reforma de nuestras vidas y comunidades. Pero, atención, “hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua” (EG 6). Vivamos con gozo la fe y la conversión porque “el Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría” (EG 5). (Publicado en Emaús, marzo 2014)

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