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El Diaconado, signo del servicio a la Iglesia
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El Diaconado, signo del servicio a la Iglesia

(Por: P. Hipólito Purizaca) A veces nos hemos preguntado sobre el diaconado. Cuando un sacerdote es ordenado suponemos que en ese momento puede celebrar la Eucaristía, y esto es así en cuanto el sacerdote es un presbítero. Los sacerdotes que conocemos, en la mayoría de casos son presbíteros, les vemos celebrar la Misa o la Confesión. 

Antes que ellos se ordenasen presbíteros, fueron diáconos, y según las normas de la Iglesia, al menos ha tenido que ejercer el ministerio del diaconado seis meses. En ese tiempo fueron signo del servicio de la Iglesia.

La palabra diácono significa servidor, diaconar es servir. Todo servicio en la Iglesia es, en primer lugar, servicio a Dios; y, en nombre de Dios, al prójimo.

Ya en los Libros del Nuevo Testamento se atestigua la presencia de ministros, los diáconos, que van constituyendo poco a poco una clase distinta de los presbíteros y de los obispos.
Basta recordar que Pablo dirige su saludo a los Obispos y a los Diáconos de Filipos (cf. Flp 1,1). La primera Carta a Timoteo enumera las cualidades que deben poseer los diáconos y recomienda probarlos antes de encomendarles sus funciones: deben tener una conducta digna y honrada (cf. 1 Tm 3, 8-13). En los Hechos de los Apóstoles (6, 1-6) se habla de siete ministros para el servicio de las mesas.

A finales del siglo I y comienzos del II, el lugar del diácono ya está bien establecido, por lo menos en algunas Iglesias, como un grado de la jerarquía ministerial. Es importante, especialmente, el testimonio de san Ignacio de Antioquía, para quien la comunidad cristiana vive bajo la autoridad de un obispo, rodeado de presbíteros y diáconos: “Hay una sola Eucaristía, una sola carne del Señor, un solo cáliz, un solo altar, como hay también un solo obispo con el colegio de los presbíteros y los diáconos, compañeros de servicio” (Ad Philad., 4, 1).

El concilio Vaticano II enumera las funciones litúrgicas y pastorales del diácono: «administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura» (Lumen gentium, 29).

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