Publicaciones

Reflexión: “Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciendo el bien”
NOTICIAS

Reflexión: “Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciendo el bien”

R.P. Reymundo Iraita Ruiz.

(Colaborador)

Reflexión del Santo Evangelio, según Lucas 12, 32-48

El evangelio de hoy nos sitúa a los discípulos en plena formación y las primeras reacciones de los primeros convertidos. Los discípulos aparecen temerosos ante la misión que Jesús les encomienda, porque ellos siguen teniendo la concepción de un Mesías glorioso, por lo que en esta nueva comunidad que surge en torno a Jesús, también comienza a retoñar el espíritu pagano. Por este motivo Jesús instruye a los discípulos por medio de parábolas para hacerles reflexionar.

Frente al miedo de los discípulos, Jesús quiere darles seguridad a través de la metáfora del rebaño y del buen pastor. El Padre quiere que no se pierda ninguno, Él nos proporcionará todo (Rom 8,28-32). Un puesto nos ha preparado desde la fundación del mundo, porque somos herederos con el Hijo (1Pe 1,3-5).

Jesús invita a vender nuestros bienes y dar limosna. Jesús ya había dicho lo de no acumular bienes (Mt 6,20-21). La comunidad cristiana había entendido el sentido de la libertad de bienes y la del compartir porque el tiempo se ha hecho breve (1Cor 7,29-31). La vida nueva en Cristo se convierte en el criterio para la posesión de cualquier bien.

El Padre nos tiene preparado su Reino, y por eso es necesario estar preparados para poseerlo, después de haber dejado todo impedimento. La conducta que Jesús recomienda a los que esperan su venida es la de ponerse a la obra, de no caer en la mediocridad. La vigilancia es fundamental para el cristiano.

¡Es sorprendente el gesto del señor que se pone a servirlos! Es lo que ha hecho Jesús lavando los pies a los discípulos. El futuro está garantizado por la fidelidad creativa al Señor. Entendamos bien: si el dueño da casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría entrar.

Un argumento para la vigilancia es el hecho de no saber cuándo vendrá el Señor. Tanto el día del juicio final como el de la muerte individual son desconocidos. Su venida no puede ser prevista. Esto impresionó mucho a los discípulos.

¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el Señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su Señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad les digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Lucas usa “administrador” en vez de “siervo” (Mt 24,45).

Pero si aquel siervo dijese en su corazón: «Mi señor tarda en venir» y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le castigará severamente y le señalará su suerte entre los infieles.

Hay algunos que han acogido con entusiasmo el anuncio evangélico, pero ahora, de frente a las dificultades presentes y a los empeños consiguientes, comienzan a retomar las viejas costumbres: violencia, intemperancia, abandono a los instintos.

A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más. Y como dice San Juan de la Cruz al final de la vida, seremos juzgados por el amor.

Related posts

Deja una respuesta

Required fields are marked *

WordPress Theme built by Shufflehound. Copyright © 2017 Arzobispado Metropolitano de Trujillo Todos los Derechos Reservados