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Invocar a Dios, sin desanimarnos, en la lucha contra lo injusto

Reflexión del Santo Evangelio, Según san Lucas 18,1-8

(Por: R.P. Wilmer Infantes).- “No duerme ni reposa el guardián de Israel” nos dice el Salmo en las lecturas de este domingo en que Jesucristo nos ha colocado frente a la actitud de la persona que se encuentra desprotegida y clama justicia a un juez que se cree autosuficiente, que mira desde cierta altura –como un semidios- el poder que los mismos individuos le han otorgado y que el Juez Supremo de vivos y muertos lo ha permitido. La injusticia que padece la viuda es evidente pero no por ello se anima a tirar la toalla, bajar los brazos, sabiendo en el fondo que hay muchas personas como ella batallando por ganar el combate contra el oprobio y la iniquidad. Para nosotros esa actitud de constancia debe ser con firmeza porque nuestro defensor no está como un mero observador sino también es un actor en nuestro mundo que ha manifestado su voluntad y ha dado libertad a cuantos lo siguen para vencer en la tribulación.


Orar sin desanimarnos es lo que nos pide nuestro Señor al modo insistente de esta viuda; pero al modo del obrar no del sedentarismo. La viuda clama un derecho pero para ello tiene que ir detrás del hombre que olvida su deber para con los indefensos. Nosotros debemos orar en el obrar de tal modo que nuestro actuar sea constante alabanza con aquel que es el Justo; no para el beneficio de Dios –que en sí no necesita nada- sino para beneficio nuestro porque la oración llega a ser como una ráfaga que nos permite levantar vuelo; porque la oración nos permite descubrir el verdadero rostro del Amor; el verdadero rostro del hombre redimido con la certeza de ser cada quien capaces de esa redención en el diálogo que es conocimiento.

Tantas injusticias padece el hombre cada día, pero es el hombre mismo quien ausenta la justicia de su vida ordinaria sobre todo cuando vive en la profunda mentira de creer que no hay más vida segura que esta vida que transcurre en el tiempo y en el espacio. Por eso se apresura por acumular objetos: sea dinero, títulos, cargos, etc. sin el escrúpulo de destruir a su prójimo Sus ansias de trascendencia queda cegada por el ánimo de poseer aquello que le disfraza del hombre redimido cuando es seducido por el afán de poder, de tener y de placer. Cuando está inmerso contemplando la cosa, pierde la visión de mirar a las personas como sus iguales en dignidad, y prefiere al ídolo antes que a Dios y por ello se le enfrenta con la creencia de que lo poco que ha logrado aprender puede reemplazar a Aquel que es la verdad absoluta. Pero existe un Dios, lo creas o no lo creas.

Tarea grande la nuestra de examinar nuestro proceder para no ser autores de la falta de justicia en nuestra vida ¿y cómo saber qué hacer? San Pablo nos anima a no olvidar que toda escritura inspirada por Dios es útil para enseñar y corregir, para reprender y para educar en la virtud, por ello se debe proclamar la voluntad de Dios a tiempo y a destiempo para guía nuestra, para no lacerarnos más entre nosotros mismos. Debemos proseguir con la tarea de luchar contra el mal de este mundo, no dar tregua a las verdades de moda sobre la Verdad del ser humano; no avergonzarse de defender aquello que para muchos es una idea retrógrada que no permite hacer la voluntad del individuo o de las mayorías. Tú como cristiano estás llamado a que se haga la voluntad de Dios. Recuerda: existe un Dios que hizo el cielo y la tierra, que parece que duerme para muchos; pero ese Dios es el juez de los que ahora nos saludamos y compartimos la existencia, y de los que han dejado esta vida que sólo es reflejo de la Vida en sí. Ánimo, no dejes de invocar a nuestro Padre que te dé fortaleza y alegría en la lucha contra toda adversidad. La lucha por el bien y la verdad nunca es una inutilidad ni un perder el tiempo. Bendiciones.


Publicación arquidiocesana

PORTADA EMAUS ABRIL 2015

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