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El Corpus Christi en el Perú

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(Por: Dr. José Esquivel).-  El muy conocido milagro de Balsena movió el ánimo del Papa Urbano IV para que proceda a instaurar la festividad del Corpus Christi, la cual había ya propugnado ardorosamente cuando no era más que diácono en Lieja (Bélgica). Esta solemnidad se extendió a toda la Cristiandad en el año 1264 y, pasados los años, la nueva fiesta encontró un lugar seguro en el calendario apostólico, llegando a ser una de las más importantes y populares en el año litúrgico de la Iglesia Católica.

Traducido al castellano, Corpus Christi significa Cuerpo de Cristo, y alude a la transformación mística de la humanidad del Hijo de Dios en alimento para el alma. En términos católicos, se trata de la celebración de la Eucaristía o la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

A partir de la ordenación de la festividad del Santísimo Sacramento en Roma, ésta debía extenderse a todo el mundo católico. Así ocurrió con el establecimiento del Corpus como parte de la evangelización durante la conquista de nuevos territorios al occidente de Europa, en el denominado Nuevo Mundo, después de tres siglos de instaurada esta singular solemnidad.

La empresa de la conquista de los incas concretó sus proyecciones porque tuvo también como actividad primordial la labor de divulgación de la doctrina cristiana. Al respecto, Mariátegui (1978) expresa: “El triunvirato de la conquista del Perú habría estado incompleto sin Hernando de Luque. Tocaba a un clérigo el papel de letrado y mentor de la compañía. Luque representaba la Iglesia y el Evangelio. Su presencia resguardaba los fueros del dogma y daba una doctrina a la aventura. En Cajamarca, el verbo de la aventura fue el padre Valverde…”
Instalados los conquistadores en los territorios del Tahuantinsuyo, y luego que se sosegaron las guerras civiles, las órdenes reli-giosas trataron de evangelizar rápidamente a los aborígenes. La evangelización en el idioma quechua fue una tarea incesante; pues estuvo acompañada de variados ritos en las flamantes e imponentes iglesias. Es en estas circunstancias que empieza a implementarse la festividad más importante de la colonia, el Corpus Christi, que fue instituida por el Virrey Toledo en 1572 con sus célebres Ordenanzas, celebración dotada de ese vigor y movimiento, de esa luz y colorido con que se ha con-servado con el discurrir de los años, hasta la actualidad.

El célebre escritor Octavio Paz, en su obra “El laberinto de la Soledad”, sostiene que “el catolicismo es el centro de la sociedad colonial porque de verdad es la fuente de vida que nutre las actividades, las pasiones, las virtudes y hasta los pecados de siervos y señores, de funcionarios y sacerdotes, de comerciantes y militares. Gracias a la religión, el régimen colonial no es una mera superposición de nuevas formas históricas, sino un organismo viviente…”

El historiador Luis E. Valcárcel en su obra Ruta Cultural del Perú sostiene que las “festividades coinciden con las del calendario incaico: así, la de la Cruz inicia la cosecha del maíz; …el Corpus corresponde a la Pascua del Sol (entre mayo y junio); San Juan tiene que ver con los ritos ganaderos, y la noche del 24, la más fría del año serrano, en que se encienden grandes fogatas, es también una celebración del Fuego Nuevo incaico; Santiago el apóstol, que personifica al rayo, es el Illapa: al siguiente día de su fiesta comienza el sembrío en las tierras mejores, que se prolongan hasta el 8 de setiembre…”. Como se puede notar, en muchos aspectos, el calen-dario romano coincidió con el calendario incaico.

corpus3El cronista José de Acosta, en su obra “Historia Natural y Moral de las Indias”, refiere que cuando entraron en contacto los españoles con los naturales, y comenzaron su labor evangelizadora, encontraron similitudes entre el culto y ritual católico y el de los indígenas. Una de estas similitudes fue la fiesta del Corpus Christi, que los cristianos celebran con cantos y danzas, en similitud a la fiesta incaica del Inti Raimi. Ambas festividades coincidían en el mes de la celebración, junio, y tenían representaciones materiales (santos y vírgenes en el caso de los cristianos; momias e ídolos en el caso de los nativos), los cuales eran sacados en procesión, y duraban muchos días.

En la misma orientación del padre Acosta respecto de la fiesta del Corpus, Uriel García (1973), en su célebre obra El nuevo indio, hace notar que “el Corpus serrano es la fiesta del sol de junio, como antes el Raimi incaico, fiesta efusiva del campo invernal, del cielo azul como nunca y del sol diáfano. Entonces el sórdido pueblo campero se torna expansivo, sonoro, refulgente y afectuoso en su plaza magna, cuajada de gigantescos altares llenos de abigarrados pendones rojos, amarillos, verdes, de espejos que reflejan la luz solar por todos los ámbitos, de angelotes y “enjoyados” de caras sonrosadas, de frontales de plata bruñida, de lechuguillas de mil colores, de pintorescos cuadros costumbristas explica-tivos de los dogmas más intrincados de la teología al alcance de la mentalidad popular.”

Precisamente, sobre los albores del Corpus en el Cuzco, Garcilaso de la Vega (1980), en su obra Comentarios Reales de los Incas, expresa: “la fiesta que los católicos llamamos Corpus Christi se celebraba solemnísimamente en la ciudad del Cuzco después que se acabaron las guerras que el Demonio inventó en aquel imperio por estorbar la predicación de nuestro Santo Evangelio…

“Los caciques de todo el distrito de aquella gran ciudad venían a ella a solemnizar la fiesta, acompañados de sus parientes y de toda la gente noble de sus provincias. Trían todas las galas, ornamentos e invenciones que en tiempo de sus reyes incas usaban en la celebración de sus mayores fiestas; cada nación tría el blasón de su linaje, de donde se preciaba descender.

“Unos venían (como pintan a Hércules) vestidos con la piel de león, y sus cabezas encajadas en las del animal, porque se preciaban descendientes del león. Otros traían las alas de un ave muy grande que llaman cúntur puestas a las espaldas, como las que pintan a los ángeles, porque se precian descender de aquella ave… otros venían con hechos monstruos, con máscaras feísimas, y en las manos pellejinas de diversos animales, como que los hubiesen casado, haciendo grandes ademanes, fingiéndose locos y tontos, para agradar a sus reyes de todas maneras…Con las cosas dichas, y otras muchas que se pueden imaginar, que ya no acierto a escribirlas, solemnizaban las Fiestas de sus Reyes. Con las mismas (aumentándolas todo lo más que podían) celebraban en mis tiempos la Fiesta del Santísimo Sacramento.

“Los indios de cada repartimiento pasaban con sus andas, con toda su parentela y acompañamiento, cantando cada provincia en su propia lengua particular materna, y no en la general de la corte, por diferenciarse las unas naciones de las otras.

“Llevaban sus tambores, flautas, caracoles y otros instrumentos rústicos musicales. Muchas provincias llevaban sus mujeres en pos de los varones, que le ayudaban a tañer y cantar”.
Las diversas expresiones alrededor de la solemnidad del Corpus en el Cuzco y todo el territorio del Tahuantinsuyo es una ilustración expresa del proceso de síntesis cultural, de aculturación en la época de la colonia, una fusión de elementos hispano-europeos y oriundos. Tal es el caso de las melodías que iban entonando los nativos a sus apus y deidades, que progresivamente se convirtieron en loor a Dios, a Jesucristo, a la Virgen María y a los Santos.

La festividad del Corpus Christi, además tenía una múltiple importancia para los conquistadores; no sólo ponía en evidencia el rol evangelizador hacia los indígenas, sino demostraba la superioridad del culto católico por encima del culto pagano de los andinos, y representaba el status privilegiado de los sectores prominentes de la sociedad (Dean, 2002).

pinturacorpusPasados los siglos, el Corpus ya no tuvo el boato de los años y decenios aurorales de la colonia, en la medida que se dio progresivamente paso a grandes festividades regionales, en las cuales se rendía culto a la Virgen María (Virgen de la Candelaria en Puno, Virgen del Carmen de Paucartambo-Cuzco, Virgen de la Puerta en Otuzco-La Libertad, etc.), al Apóstol Santiago (en Lampa-Puno, en toda la sierra central, en Santiago de Chuco-La Libertad, en Cabana-Ancash, etc.), a San Juan Bautista (en la Amazonía, en Chota-Cajamarca, etc.), a Jesucristo (Señor Cautivo de Ayabaca-Piura, Señor de los Temblores del Cuzco, Señor de Luren de Ica, etc.). Sin embargo, muchas expresiones religiosas y artísticas de aquel tiempo en torno al Corpus han prevalecido con el correr de los siglos. Tal es el caso de las danzas de los cóndores que ilustra Garcilaso, que lograron mantenerse en el tiempo y en diversas latitudes, tal como se aprecian en los apuntes e ilustraciones de fines del siglo XVIII del insigne Martínez de Compañón, obispo de Trujillo. En la actualidad, esta expresión artística y folclórica, con la denominación de Quishpe Cóndor, pervive y se hace presente en festividades patronales de pueblos de la cuenca del río Tablachaca, límite de las regiones de La Libertad y Ancash.

Cabe anotar que, en las postrimerías de siglo pasado y los inicios del presente, la Celebración del Corpus ha vuelto progresivamente a recobrar el brío de su génesis. En ciudades importantes del Perú y en cada diócesis, de nuevo el culto al Santísimo Sacramento ha recobrado su añeja magnificencia, consolidándose como la celebración más importante del calendario religioso católico. En Trujillo, este importante evento de la cristiandad que es promovida por el arzobispo de la arquidiócesis, Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, congrega una multitud de feligreses en la solemne procesión en el perímetro de la plaza de armas de la ciudad primaveral, en el lapso de lo que va del siglo XXI. Evento que, sin lugar a dudas, recobra el antiguo esplendor de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

REFERENCIAS BIBLICAS

  • Acosta, Joseph (1962). Historia natural y moral de las Indias. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Dean, Carolyn (2002). Los cuerpos de los Incas y el cuerpo de Cristo. El Corpus Christi en el Cuzco Colonial. Lima: Fondo Editorial de la UNMSM.
  • Garcilaso de la Vega (1980). Comentarios reales. Lima: Libertadores de América S. R. L.
  • Mariátegui, José C. (1978). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (38ª ed.). Lima: Amauta S. A.
  • Paz, Octavio (1990). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Uriel García, J. (1973). El nuevo indio. Lima: Universo S. A.
  • Valcárcel, Luis E. (1973). Ruta cultural del Perú (3ª ed.). Lima: Universo S. A.

Publicación arquidiocesana

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