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ESPECIAL SEMANA SANTA - Primera Palabra

padre perdonPrimera Palabra:  “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Por: P. Marco Antonio Dávila)  Hay que observar a Cristo mientras pronuncia estas palabra para respirar su amor para con nosotros. La Pasión de Cristo se sigue concretando dos mil años después y seguirá concretándose hasta el último atardecer del tiempo.

Las 7 palabras son la traducción cruenta, sangrienta, de las ocho bienaventuranzas, Aquellas Bienaventuranzas que Jesús había comenzado a enseñar al mundo, ahora muere  practicándolas.
Fue un mediodía como éste, bajo un cielo no distinto a éste. El sol lucía en el cielo como luce ahora, el aire estaba detenido como lo está ahora y en la parte no mucho más alta como ésta, yacían tres cruces. Había una muchedumbre quizá más pequeña que la nuestra, en la que muchos habían venido, como muchos de ustedes.

Era un mediodía como éste. Cuando el soldado se acercó a Cristo con un martillo y unos clavos en la mano, se hizo un gran silencio, como éste, que se está haciendo ahora entre nosotros.

¿Era un mediodía como éste o es este mediodía?

¿Hemos venido acaso a recordar unas palabras que Cristo dijo allá no sé cuándo, pero que están muertas y que ya no significan nada para nosotros? No, Cristo no vino a dejarnos palabras en conserva, enlatadas; Cristo vino a decirnos palabras vivas y las palabras vivas sólo pueden mantenerse vivas en un corazón vivo y despierto.

La verdad es que Cristo no dijo sólo siete palabras: dijo siete mil millones de palabras, siete para cada uno de nosotros. Cristo vino a iluminar el sentido de nuestra vida, no a destrozarla.

La verdad es que, si nosotros creyéramos que hemos venido a asistir a la muerte de Cristo, la verdad es que si creyéramos que vamos a recibir el testamento de Dios, en este momento correría por nuestras venas y por nuestros huesos un sudor frío, y habríamos venido temblando sabiendo que vamos a asistir a la ceremonia más terrible que conoció la historia.

La verdad es esta, Cristo en estos momentos está muriendo por nosotros. Y vamos a atrevernos a entrar en la Pasión de Cristo, y hoy concretamente, falta que nosotros, quienes estamos aquí, tomemos en serio estos momentos.

Sí, ésta es la verdad. Estamos en el Calvario. Cristo acaba de subir y el centurión ha dado la orden de comenzar. Dos soldados le han empujado a tierra, se ha golpeado su cabeza contra la cruz. El encargado de la crucifixión está de rodillas, lleva en la mano izquierda un martillo, en la boca lleva dos clavos de 13 centímetros; con su mano derecho, con la pericia de un médico, busca ahora algo en la muñeca derecha de Cristo; está buscando ese pequeño hoyo que hay precisamente allí donde termina la línea de la vida. Es precisamente ahí donde tiene que entrar el clavo para que la mano quede bien sujeta y para evitar desgarrones inútiles.

Éstas, son las manos que pasaron por el mundo bendiciendo  a la gente y haciendo el bien. Ya está, ya no podrán acariciar ni bendecir a nadie. Los pies… aquellos que iban detrás de la oveja perdida, hechos para ir en búsqueda del hijo pródigo… ya no se mueven…

Que contentos están ahora que han conseguido que al Eterno le queden muy pocas horas de vida!, Señor, dinos algo, tienes muchas cosas que decirnos aún!. Hay muchas cosas que no sabemos todavía, Cristo te quedan pocas horas de vida para explicarnos todo esto!.

«Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen»

¿Pero cómo?, ¿era esto lo que tenías que decirnos? ¿era este tu testamento?
Los antiguos copistas de los primeros tiempos suprimían esta frase porque les daba vergüenza, no se imaginaban que tú pudieras pedir perdón por los judíos… era como una palabra que no podía figurar en el Evangelio.

Porque si dijeras al menos :  «Perdónales, porque tu eres bueno», esto sería un elogio de Dios… si dijeras «Padre, perdónales porque yo te lo pido»,  esto sería una señal de tu omnipotencia… Pero tu dices: «Perdónales, porque no saben lo que hacen». Esto es una disculpa infantil, grotesca, Cristo!! Estás mintiendo!! Ellos si saben lo que hacen!  

Fíjate bien en Judas. Estuvo contigo tres años, vio cientos de milagros… él sabía perfectamente lo que hacía ¡y tú dices que no saben lo que hacen!.

Y Pilato? Hace tres horas que ha dicho que no encontraba en ti delito alguno, y tu dices que no saben lo que hacen?

Y la multitud? Que hace cinco días te aclamó como Hijo de David… y tu? ¿dices que no saben lo que hacen?

Posiblemente te referías a los cristianos de dentro de 20 siglos. Pero esto es más falso todavía, porque ni Judas, ni Pilatos, ni Caifás, ni la multitud de personas sabían que tú ibas a resucitar; sin embargo, los cristianos del siglo XXI lo saben; saben que tú resucitaste; y sin embargo te siguen crucificando…

Cristo, antes de decir que no saben lo que hacen, asómate a este mundo del siglo XXI y mira a ver si los hombres no saben lo que hacen.

Asómate al mundo de las venganzas. Asómate a cualquier periódico y te encontrarás con docenas de víctimas, de hombre apaleados, jóvenes violadas y golpeadas, muertos porque son blancos o negros, porque son pobres o porque son ricos…y tu dices que no saben lo que hacen.

Hoy, en pleno s. XXI, en oscuras cárceles, se torturan a los hombres.

En la historia de la humanidad ha habido más de catorce mil guerras y más de tres mil quinientos millones de muertos… termina una guerra y se empieza ya otra…y tu dices que no saben lo que hacen?

Nuestro siglo Señor, ha llegado al pecado científico, al pecado matemáticamente preparado, no menos de 50 años atrás, se llevaba a cientos de niños a las cámaras de gas de Dachau, Señor mío, yo he visto hornos crematorios en forma de hombre, hemos visto el pequeño canal de cemento junto al paredón de fusilamiento para que la sangre no manche, para que la matanza sea higiénica… esto hemos inventado los hombres, la pasión de verdad…y tu dices que no saben lo que hacen…?

Pero
Era más importante la libertad humana, tremendo misterio!

Hermanos, Cristo no está crucificado por unos clavos sino que está atado a la cruz por la libertad humana.

Era más fácil que crease una marioneta o un muñeco capaz incluso de hablar, de repetir una y otra vez las mismas palabras, aquellas que hubiera grabado previamente en una cinta para poder escucharlas: “Dios mío te amo, Dios mío te amo”… pero, ha preferido sufrir en lugar de quitarle la libertad al hombre. Y en esto consiste el verdadero Drama: en el respeto a la libertad humana. La forma más reveladora del amor de Dios, pero también la más misteriosa.

Verdaderamente no sabemos lo que hacemos, porque no somos libres.

Precisamente nos hace libres cuando nos dona su perdón, (Padre, Perdónalos) un cambio tan radical que supone un cambio de naturaleza: de esclavos pasamos a ser hijos de Dios. Hermano, Hermana, Dios te ha perdonado, empieza por perdonarte a ti mismo y luego a tus seres queridos.

Señor, en tu perdón revelas al hombre que no se responde al mal con el mal. Nos revelas que eres verdaderamente Dios porque respondes al supremo mal con tu infinita misericordia, para poder finalmente restablecer el amor que siempre has querido. Amén

 


Publicación arquidiocesana

PORTADA EMAUS ABRIL 2015

virgen de la puerta

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