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Memoria y profecía: a los 50 años del Concilio Vaticano II

vaticano(Por Mons. José Carlos Sampedro Forner) “El Concilio pretende abrir de par en par las puertas y ventanas de la Iglesia para que pueda entrar en ella aire fresco. Después de dos mil años,  el aire puede enrarecerse y viciarse. Así, pues, reflexión de la Iglesia  sobre sí misma, y apertura al mundo circundante para una mutua interrelación, serían los dos grandes objetivos del Concilio Vaticano II.  La Iglesia, en definitiva, era el tema central”.

El Año de la Fe y el Concilio

El Papa Benedicto XVI convocó un Año de la fe, que se inició el 11 de octubre de 2012, al celebrarse el 50° aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Se concluirá con la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre del presente año.

El 11 de octubre de 1962 se inauguraba solemnemente el Concilio Vaticano II. Han pasado cincuenta años. Ha llegado, pues, a madurez la generación del Concilio. Pero ¿cuál es la herencia que nos queda? La de un Concilio que continúa y nos sigue orientando hoy.

Una brújula que nos orienta: los documentos del Concilio.

Un total de diecinueve documentos surgieron de las sesiones conciliares. De entre ellos, destacan en importancia las cuatro Constituciones. Dice el Papa Benedicto XVI: “Mirando la riqueza contenida en los documentos del Vaticano II, quiero sólo nombrar las cuatro constituciones, casi los cuatro puntos cardinales de la brújula que nos orienta. La constitución sobre las sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, nos indica cómo en la Iglesia al inicio está la adoración, está Dios, está la centralidad del misterio de la presencia de Cristo. Y la Iglesia, Cuerpo de Cristo y pueblo peregrino en el tiempo, tiene como tarea fundamental glorificar a Dios, como lo expresa la constitución dogmática Lumen Gentium. El tercer documento que quiero citar es la constitución sobre la divina Revelación, Dei Verbum: la Palabra viva de Dios convoca a la Iglesia y la vivifica a lo largo de todo su camino en la historia. Y el modo como la Iglesia lleva a todo el mundo la luz que ha recibido de Dios para que sea glorificado es el tema de fondo de la constitución pastoral Gaudium et Spes”.

Un poco de historia

vaticano 2El 25 de enero de 1959, festividad de la conversión de San Pablo, el Papa Juan XXIII dirigió a los presentes las siguientes palabras: “Venerables hermanos y queridos hijos: Pronunciamos delante de vosotros, a la verdad temblando con un poco de conmoción, pero a la par con humilde resolución de propósitos, el nombre y la propuesta de una doble celebración: de un Sínodo diocesano para la Urbe romana y de un Concilio Ecuménico para la Iglesia Universal”.

Pero el Concilio no partía totalmente de cero. El magisterio del Papa Pío XII había ido roturando caminos, iluminando ideas, que darían paso a los grandes documentos conciliares. Las cuatro Constituciones del Concilio Vaticano II encuentran sólido apoyo en el vasto y valioso magisterio de Pío XII. Así, la Constitución Lumen Gentium tiene sus orígenes en la encíclica de Pío XII Mystici Corporis Christi. La segunda gran Constitución Dei Verbum encuentra precedentes en la encíclica de Pío XII Divino afflante Spiritu. La Constitución aprobada en primer lugar en el Concilio Vaticano II, la de Sagrada Liturgia, se mira al espejo en la Encíclica Mediator Dei. Finalmente, la Constitución Gaudium et Spes, sobre el diálogo de la Iglesia con la sociedad de nuestros días, bebe abundantemente sus planteamientos en los “Radiomensaje de Navidad”, que cada año nos regalaba Pío XII.

En 1960 el Papa Juan XXIII publicaba la Bula Humanae salutis, con la que convocaba oficialmente el Concilio y señalaba tres objetivos principales: 1° Que la Iglesia sea más apta para contribuir a la solución de los problemas que se presentan a la humanidad en nuestros días. 2° Que la Iglesia se actualice (“aggiornamento”) para hacer más eficaz su vitalidad. 3° Trabajar en la preparación de los caminos de la unidad de los cristianos.

Juan XXIII presidía la solemne sesión de apertura del Concilio el día 11 de octubre de 1962, día en que la Liturgia celebraba la Maternidad divina de María. En su discurso quiso señalar, como es lógico, la finalidad del Concilio: a) Buscar un talante positivo, sin prestar oídos a los profetas de calamidades; b) custodiar el depósito de la doctrina; c) reprimir los errores usando la medicina de la misericordia más que de la severidad; d) la unidad de la familia cristiana y humana. Según esto, el talante del Concilio había de ser eminentemente pastoral. El Concilio tenía que evitar los exclusivismos, los anatemas, los contradictorios, para tratar a los contrarios como complementarios y no excluyentes.

De manera gráfica, y con su característico gracejo, lo expresó Juan XXIII con dos frases que hicieron fortuna: El Concilio quiere situar a la Iglesia sobre un pedestal. No para ofrecerle el incienso de sus alabanzas, sino para contemplarla cara a cara y preguntarle abiertamente: “Iglesia, ¿quién eres? ¿Qué piensas y qué dices de ti misma?

Por otro lado, el Concilio pretende abrir de par en par las puertas y ventanas de la Iglesia para que pueda entrar en ella aire fresco. Después de dos mil años, el aire puede enrarecerse y viciarse. Así, pues, reflexión de la Iglesia sobre sí misma, y apertura al mundo circundante para una mutua interrelación, serían los dos grandes objetivos del Concilio. La Iglesia, en definitiva, era el tema central.

Terminada la primera sesión conciliar, Juan XXIII sentía el gozo del deber cumplido, pues en todo momento se había dejado llevar por la voz y la fuerza del Espíritu. Había convocado el Concilio y lo había puesto en marcha. Tras su muerte en 1963, será el nuevo Papa Pablo VI quien le dará continuidad y lo conducirá con sabiduría y firmeza hasta su clausura en diciembre de 1965.

¿Qué hacer hoy?

Veinte años después de la clausura del Concilio, en 1985, se celebraba un Sínodo extraordinario de Obispos que representó una fuerte afirmación de la vigencia del Vaticano II como una “verdadera gracia de Dios y un don del Espíritu Santo” del que se han derivado numerosos frutos espirituales para la Iglesia y la humanidad. “Hemos de seguir avanzando por el mismo camino que nos indicó el Concilio”. El asentimiento mayoritario era indiscutible, había buenos motivos para celebrar y promover el Concilio como un signo y testimonio de la acción de Dios en nuestro tiempo.

La relación final menciona también lo que calificó de “sombras” de su “recepción”, o una “aplicación defectuosa” del Concilio, señalando sin embargo que “no puede en modo alguno afirmarse que todas las cosas que han sucedido después del Concilio, hayan ocurrido también a causa del Concilio”. Algunas de esta “decepciones” y sombras han surgido precisamente por una cierta timidez a la hora de aplicar la “verdadera” doctrina conciliar.
En su testamento espiritual Juan Pablo II escribía: “Estoy convencido de que las nuevas generaciones podrán servirse todavía durante mucho tiempo de las riquezas proporcionadas por este Concilio del siglo XX”.

vaticano 3Es necesario volver al Concilio. Hay que rememorar el Concilio, traerlo a la memoria. Y hay que recordarlo, traerlo al corazón.

Para esto, será necesario remontarse a los inicios del Vaticano II, y recorrer todo el camino desde la fase preparatoria al desarrollo hasta los años tumultuosos y encendidos del post-Concilio. Después será necesario recuperar los textos, uno por uno, estudiándolos en su génesis, y siguiéndolos en su desarrollo temático, en su aplicación concreta. En resumen, será necesario volver a leer el Concilio desde el inicio.
Releer el Concilio, recordarlo, y leer la situación actual a la luz del Concilio.

 

FECHAS DESTACADAS:

  • 25 de enero de 1959. Anuncio de Juan XXIII.
  • 29 de junio de 1959: Carta encíclica anuncio solemne del Concilio.
  • 7 de diciembre de 1959: Juan XXIII anuncia el nombre del Concilio Vaticano II.
  • 25 de diciembre de 1961: Humanae salutis, convocatoria oficial para 1962.
  • 11 de octubre de 1962: solemne apertura del Concilio. Gaudet Mater Ecclesia.
  • 6 de agosto de 1964: Encíclica programática de Pablo VI Ecclesiam Suam.
  • 8 de diciembre de 1965: Solemne clausura del Concilio. Breve pontificio In Spiritu Sancto. Mensajes del Concilio a la Humanidad.

 

LOS DOCUMENTOS DEL VATICANO II

Constituciones:

  • Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia (4 de diciembre de 1963).
  • Dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia (21 de noviembre de 1964).
  • Dogmática Dei Verbum, sobre la divina revelación (18 de noviembre de 1965).
  • Pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual (7 de diciembre de 1965).

Decretos:

  • Inter mirifica, sobre los medios de comunicación (4 de diciembre de 1963).
  • Christus Dominus, sobre la función pastoral de los obispos (28 de octubre de 1965).
  • Optatam totius, sobre la fomación sacerdotal (28 de octubre de 1965).
  • Perfectae caritatis, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa (28 de octubre de 1965).
  • Apostolicam Actuositatem, sobre el apostolado de los laicos (18 de noviembre de 1965).
  • Orientalium Ecclesiarum, sobre las Iglesias orientales católicas (21 de noviembre de 1964).
  • Unitatis Redintegratio, sobre el ecumenismo (21 de noviembre de 1964).
  • Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros (7 de diciembre de 1965).
  • Ad gentes divinitus, sobre la actividad misionera de la Iglesia (7 de diciembre de 1965).

Declaraciones:

  • Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana (28 de octubre de 1965).
  • Nostra Aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (28 de octubre de 1965).
  • Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa (7 de diciembre de 1965).

 


Publicación arquidiocesana

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