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Mons. Cabrejos: “Dios quiso que declinara a la Medicina para salvar almas”

CABREJOS 125 años de Consagración Episcopal

Nació en el distrito de Llama, provincia de Chota, Cajamarca, un 5 de julio, hace 65 años. Es el último de seis hermanos y, en plena adolescencia, movido por el deseo de servir a Cristo ingresó al Seminario Menor de los Padres Franciscanos, incorporándose a la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles del Perú.

 

Doctor en Sagrada Escritura, habla varios idiomas: inglés, alemán, italiano, francés y latín. Inicia sus actividades desde muy temprano con el rezo de Laudes. Trabaja sin descanso, pero a pesar de su apretada agenda, los fines de semana se da un tiempo para practicar fútbol y básquet con los padres y seminaristas. Es hincha de la “U” y, de niño, bailó muy bien marinera.

Si no hubiera sido sacerdote, se habría inclinado por la Medicina para curar las enfermedades, aliviar los sufrimientos, pero Cristo se cruzó en su camino y quiso tenerlo en su rebaño como pastor de hombres para salvar almas.

Desde su ordenación, Monseñor Cabrejos ha ocupado innumerables cargos de gran responsabilidad en la Iglesia, dando siempre lección de entrega, de mucho trabajo y responsabilidad, y aunque en esta entrevista se negó a decir cuál es su mayor virtud, los fieles lo definimos como un arzobispo humano, de gran personalidad, inteligencia y liderazgo, cualidades que lo llevaron a avivar la fe en la arquidiócesis, ordenando en 13 años, a más de 35 nuevos sacerdotes, organizando multitudinarias celebraciones y encuentros pastorales, como el Corpus Christi, el Vía Crucis y peregrinaciones a Trujillo de la Virgen de la Puerta y del Señor Cautivo de Ayabaca.

Pero no solo eso, lideró con sello de paz serios conflictos sociales ocurridos en Bagua, Quillabamba, Espinar y Conga, logrando disminuir la violencia. Por su entrega al Pueblo de Dios, nuestro agradecimiento es permanente.

Nos recibe con una sonrisa, en su despacho. Resalta un hermoso Cristo Crucificado, la Virgen de Guadalupe, la Biblia y la foto de sus padres, ya fallecidos. Iniciamos la entrevista a las 12 del día, cuando el sol se mostraba radiante, a diferencia de otros días grises del invierno.

- Monseñor, ¿su fe se forjó en el seno de su hogar?

La imagen que tengo es de un hogar sólido, muy constituido. Recuerdo a mis padres siempre juntos, dialogando, educándonos. Mi papá, Maximiliano, creía en Dios, leía la Biblia hasta altas horas de la noche. Mi mamá, Jesús del Rosario, era una mujer de fe profunda, de gran devoción al Santísimo y a la Virgen. No olvidaré que en esa época existían las lámparas de aceite para alumbrar al Santísimo y ella llevaba siempre las botellas de aceite al sacerdote.

-cabrejos 2 Sabemos que su mamá murió joven, lo que significa que no disfrutó de su Ordenación.

Falleció cuando yo tenía 14 años, aún no se despertaba mi vocación sacerdotal. Recién a los 16 años tomé la decisión de seguir a Cristo. Mi papá quería que cumpla con mi sueño de ser médico y cada año insistía para que iniciara la carrera de Medicina. Solo dejó de hacerlo cuando me ordené de diácono. A partir de esa fecha dijo “Ahora no te molesto más”. Se convenció que mi vocación era auténtica, fuerte.

- ¿Cuál es la historia de su vocación sacerdotal?

El Señor tiene miles de formas de llamar. Cada sacerdote tiene una experiencia distinta. Sentí la presencia de Dios frente al Cristo Crucificado de la parroquia Francisco Solano del Rímac, ubicada cerca a la casa donde vivía. Recuerdo que salí del templo con la decisión tomada, por eso, cada vez que voy a Lima visito al Cristo, origen de mi vocación.

- ¿Qué es lo que más le costó dejar para seguir a Cristo?

En realidad, nada. Si Él te llama, la respuesta es libre y por amor. Estudié hasta segundo año de media en la Gran Unidad Ricardo Bentín, y luego ingresé con gran ilusión al colegio Seráfico de los Franciscanos.

- ¿Qué recuerdos tiene del seminario?

Gratísimos. Tuve formadores extraordinarios. No olvido al R.P. Rodó, un sacerdote de gran profundidad interior. Era padre, amigo. Firme y bondadoso. Exigía disciplina y mucha oración. Tengo presente también al padre Néstor Araujo, de EE.UU. máster en psicología, un hombre de Dios y un gran pianista. Tocaba piano, nos impartía además conocimientos de música y cultura. Cada sábado nos ofrecía un concierto.

Nos dio la oportunidad de hacer teatro. Escenificamos estampas franciscanas, los autos sacramentales. Participé en la obra “la Cena del Rey Baltasar”, que se presentó públicamente en el Teatro Municipal de Arequipa.

De todos mis compañeros seminaristas, tres desistieron; los demás, llegamos hasta el final.

- ¿Qué sintió el día de su Ordenación?

Como todo seminarista, antes de la Ordenación tuve temor de dar el paso definitivo. Frente a este sentimiento, una semana antes fui a la capilla, cerré los ojos y abrí la Biblia al azar. Coloqué el dedo sobre la página, para recibir un mensaje del Señor. Al abrir los ojos, mi índice marcaba el capítulo 28, versículo 20 de San Mateo, que dice: “Yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo”. Fue una respuesta, precisa, maravillosa. En ese instante, entendí que Dios nos ayuda interiormente. Con esta vivencia se disiparon todos los temores. Nunca más he dudado de mi sacerdocio ni de mi vocación.

Me ordené con dos compañeros del noviciado y mi primera misa la oficié en una capilla del Rímac. Fue inolvidable. Agradecí a Dios porque se fijó en mí. Pedí la oración de los fieles para que me ayuden en este ministerio.

- Monseñor, en estos tiempos Dios sigue llamando, ¿hay vocaciones?

Gracias a Dios, sí. Cuando llegué a Trujillo encontré a 13 seminaristas. Ahora hay más de 40, mientras que en Europa y en otras jurisdicciones hay escasez de vocaciones. Este mes se ordenarán 9 diáconos y tres sacerdotes. Un regalo hermoso para el pueblo de Dios.

- ¿En La Libertad hay suficientes sacerdotes?

Tenemos los necesarios, pero me gustaría que existan más. Nuestra arquidiócesis es grande, crece cada día. Hemos creado nuevas parroquias y pensamos fundar dos más. Tenemos un clero dócil, colaborador. Trabajamos unidos. Se puede decir que ahora la mayor parte de sacerdotes son jóvenes, entre ellos un sobrino nieto que libremente optó por seguir a Cristo

- ¿Cómo debe ser el sacerdote de hoy?

Antes que nada un hombre de Dios, de oración, pero a la vez tiene que estar preparado. La arquidiócesis de Trujillo es culturalmente exigente, por eso, cada año van sacerdotes a estudiar a España, Roma y a Jerusalén. Actualmente varios están haciendo su doctorado en el extranjero con becas. La formación debe ser integral.

cabrejos 3- Monseñor, sus prédicas son profundas, ¿siempre las prepara?

No me gusta improvisar, solo lo hago en circunstancias especiales, como en Fiestas Patrias y otras fechas cívicas. Generalmente, las preparo, pienso y reflexiono. Creo que es parte de nuestra responsabilidad. A los fieles no les podemos decir lo que se nos antoja. Tenemos que predicar sobre el Evangelio.

¿Cambió su vida al ser nombrado Obispo por el Papa Juan Pablo II?
Desde que me ordené como sacerdote y luego como obispo, he sido muy feliz; con vivencias positivas y de gran responsabilidad. A los 39 años me nombraron obispo auxiliar de Lima, y me ordené a los 40 años. En ese momento, era el más joven del Perú. Luego fui elegido Obispo Castrense y, dos años después, arzobispo de Trujillo.
Antes de tomar posesión como Arzobispo de esta arquidiócesis, no conocía a ningún sacerdote, tampoco a fieles. Sabía que era una jurisdicción eclesiástica grande. Conocía la ciudad de paso, cuando viajaba a Chiclayo para visitar a mi familia. Honestamente, todo era totalmente nuevo. Ahora, al cabo de 13 años, conozco a mucha gente, y eso es muy agradable.

- ¿Ahora cómo se siente?

Como en casa. No he nacido aquí, pero mi corazón ya es trujillano. Lo que más me agrada es la capacidad de respuesta de la población frente a las convocatorias de la Iglesia. La gente es cercana, cariñosa, buena en todos los niveles.

- ¿Existe compromiso de los laicos?

Por supuesto, forman parte del Pueblo de Dios y colaboran mucho con la misión pastoral. En este Año de la Fe, les pido mayor compromiso, por la VII peregrinación de la Virgen de la Puerta. Su llegada es un regalo de Dios, promovido por laicos del Patronato de Trujillo en coordinación con la Hermandad.

- ¿En Trujillo los medios de comunicación responden en la nueva evangelización?

Mi agradecimiento permanente a todos los periodistas por su compromiso para que el anuncio de Cristo llegue a más personas. Tenemos una página de religión dominical en el diario La Industria, se creó la revista Emaús, que ahora es un periódico mensual, y todos los domingos Canal 21 transmite la misa dominical. Contamos además con nuestra página web.

- En su gestión ha realizado muchas obras a favor de la Iglesia, ¿qué nuevos proyectos tiene?

A parte del de fortalecer la Universidad Católica Benedicto XVI, inauguraremos pronto un policlínico para gente muy pobre en el Alto Trujillo, pondremos al servicio de la comunidad andina un colegio agropecuario en Santiago de Chuco y, Dios mediante, cuando se termine la construcción del Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo, se abrirá otro policlínico en la ciudad, para servir solo a la gente de menos recursos.

- ¿Qué hacer ante tanta violencia en la ciudad?

Como he dicho en repetidas ocasiones, para enfrentar la ola de violencia, tenemos que fortalecer a la familia porque los valores se aprenden en el hogar. El problema es complejo, pero los hogares deben tener condiciones para educar a sus hijos.

- ¿De su Ordenación a la fecha se han producido cambios en la Iglesia?

Definitivamente, la Iglesia ha pasado la crisis de los cambios, pero fue asentándose en sus formas y criterios, porque en su esencia nunca cambió. Viví la etapa de la liturgia, luego la del Concilio Vaticano II de trascendentes consecuencias.

- Cada vez que hay un nuevo Papa se habla de renovación, ¿se dará con Su Santidad Francisco?

El Papa Francisco es el pastor que el Pueblo de Dios esperaba. Su nombramiento es obra del Espíritu Santo para que guíe a la Iglesia en este momento de la historia. Está haciendo cambios a su estilo, de una forma sencilla, cercana y clara. Envía mensajes a través de sus acciones y viene imprimiendo cambios en la curia. Sus pasos son lentos, pero muy seguros.

- Usted ha tenido ya dos encuentros con el sucesor de Pedro, ¿cómo lo define?

Es un hombre de fe. Profundo, generoso, inteligente. Me he reunido dos veces con él y, la última, por espacio de una hora. Recordamos el trabajo pastoral que hicimos. Lo conocí antes de su nombramiento, cuando era presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, y yo de la Conferencia Episcopal Peruana. Nos encontramos varias veces en el Consejo Episcopal Latinoamericano y luego en Aparecida, en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, pero su modo de ser no ha cambiado. Prima su sencillez, su cercanía.

- Finalmente, ¿cuál es su mayor gratitud a Dios?

Sentir siempre su presencia y amar a la Virgen. Le agradezco cada día porque me llamó al sacerdocio, me dio la gracia de servirlo y de estar en comunión con Él. Le agradezco por las vocaciones que están en aumento, y porque el Seminario Mayor crece con un buen equipo de formadores. Le agradezco por la vida, por la cercanía de los fieles. (Entrevista realizada por Karyna María de Orbegoso - Publicada en Emaú, agosto 2013).

 

DATOS BIOGRAFICOS
El Excelentísimo Monseñor, Héctor Miguel Cabrejos Vidarte, OFM, nació el 5 de julio de 1948, en el Distrito de Llama, Provincia de Chota, Cajamarca - Perú.
Ingresó a la edad de 17 años a la Orden Franciscana en la Provincia Fran-ciscana de los Doce Apóstoles del Perú. Los estudios de Seminario los realizó en la Facultad Pontifica y Civil de Lima. Fue ordenado Sacerdote el 7 de Diciembre de 1974 en la Iglesia “San Francisco” de Lima. Siguió estudios de Licenciatura en el Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén y obtuvo el grado de Doctor en Sagrada Teología, especialidad Bíblica, en la Universidad de Lovaina (Bélgica) en 1985. Habla francés, italiano, inglés, alemán, y conoce el griego y hebreo.
En 1985 fue elegido Definidor Provincial y Rector del Seminario Mayor Franciscano de la Provincia de los XII Apóstoles, Lima - Perú.
En los años 1986 y 1987 fue profesor de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima y en el Instituto Superior de Estudios Teológicos “Juan XXIII” (ISET) en Lima, donde asumió el rectorado de 1987 a 1994.
Fue consagrado Obispo el 7 de agos-to de 1988 y asumió el cargo de Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Lima. Fue nombrado Obispo Castrense de las Fuerzas Armadas del Perú y de la Policía Nacional del Perú, el 6 de febrero de 1996, cargo que desempeñó hasta el año 1999.
Ha participado en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo el año 1992, como delegado del Episcopado Peruano; y más tarde en Aparecida (Brasil) en el 2007.
El 29 de julio de 1999 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo Metro-politano de la Arquidiócesis de Trujillo al norte del Perú tomando posesión de la Arquidiócesis de Trujillo el 11 de setiembre de 1999 hasta la fecha.
En enero del 2003 fue elegido como Primer Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana. Tres años más tarde (2006) fue nombrado Presidente; y en enero del 2009 fue reelegido para el trienio 2009-2011.
El 21 de Junio del 2004, Juan Pablo II lo nombra miembro de la Pontificia Comisión para América Latina y en el año 2009 es ratificado por un quinquenio más por el Papa Benedicto XVI. Fue Presi-dente del Departamento de Misión y Espiritualidad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) desde 2007 al 2011.
Es Gran Canciller y fundador de la Universidad Católica “Benedicto XVI” de Trujillo.

Algunas de sus publicaciones

  • Pastoral de Comunicación Social (1991).
  • La Nueva Evangelización y los Medios de Comunicación Social (1992)
  • Catecismo Menor de Obispado Castrense del Perú
  • Catecismo Menor del Arzobispado de Trujillo
  • “Mensajes de Amor y Paz”, en homenaje al Santo Padre
  • “Misión continental, alma de Aparecida (2008)
  • “El Espíritu Santo nos impulsa a la misión” (2008)
  • “384 años del Seminario Mayor Arquidiocesano San Carlos y San Marcelo”. (2009)

Publicación arquidiocesana

PORTADA EMAUS ABRIL 2015

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Trujillo fue elevada a la categoría de Arquidiócesis por el Papa Pío XII, el 23 de mayo de 1943.

Actualmente la jurisdicción de la Arquidiócesis de Trujillo abarca las provincias de Pacasmayo, Otuzco, Santiago de Chuco, Julcán, Ascope, Virú, Gran Chimú, Chepén y Trujillo, en el Departamento de La Libertad.

 


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