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Reflexión Dominical (24 Enero) del Santo Evangelio, según San Lucas 1,1-4.4,14-21.

foto reflexionR.P. Ronald La Barrera.
(Colaborador)
HEMOS SIDO UNGIDOS POR EL ESPIRITU SANTO
San Lucas nos dice que después de haber investigado diligentemente, escribe su evangelio para conocer la solidez de las enseñanzas que hemos recibido. Por lo tanto ya desde el inicio nos pone en alerta que lo escrito es fruto de su investigación, de su experiencia de evangelización como discípulo de San Pablo y su compromiso de fe.


Lo que nos presenta la Iglesia, a través del evangelio de Lucas, en este tercer domingo del tiempo Ordinario es el inicio de la vida pública de Jesús. Había sido bautizado por Juan en el Jordán y por la fuerza del Espíritu regresa a Nazaret, es decir Jesús se deja guiar por el Espíritu Santo.
Jesús va al templo el día sábado como era su costumbre, no se encuentra en la sinagoga por casualidad, cumple con los preceptos de la ley y por eso va al templo, es día dedicado a Dios y él lo sabe muy bien, hay que cumplir la ley, los mandamientos, porque en ellos hay vida, porque los mandamientos no son una carga o un peso que hay que soportar sino son un camino hacia la felicidad.
El pasaje que Jesús lee en la sinagoga es del profeta Isaías, “el Espíritu del Señor está sobre mí... me ha ungido para anunciar la Buena Nueva,… proclamar la liberación,… devolver la vista,… dar libertad a los oprimidos y anunciar un año de gracia… Hoy se cumple este Escritura que acaban de oír”
Durante los tres años de su vida pública, Jesús, cumplió cabalmente este pasaje, anunció la Buena Nueva, nos enseñó que tenemos un Padre que nos ama y que es misericordioso, enseñó con autoridad y muchos creyeron en él. Liberó a los oprimidos por el mal, expulsó demonios que lo reconocían como el Hijo de Dios, la gente que quedaba liberada daba gloria a Dios y lo seguían.
Jesús pasó haciendo el bien y curando toda clase de enfermedades, hizo ver al ciego, oír al sordo, hablar al mudo, caminar al paralítico; limpió a los leprosos, resucitó muertos, perdonó pecados y eso es anuncio de gracia. Por eso pudo decir: Hoy se cumple esta Escritura.
Pero todo esto hizo Jesús para darnos ejemplo de cómo tenemos que vivir nuestra vida cristiana, pues nosotros también, desde nuestro bautismo hemos sido ungidos por el Espíritu Santo, hemos sido configurados con Cristo para compartir su misión como sacerdotes, profetas y reyes.
Lo primero en nuestra vida es abrir nuestro corazón a Dios y ser personas de oración. Somos nosotros, los que creemos en Dios, los que amamos a Cristo, los que tenemos que seguir haciendo que la Escritura se cumpla hoy, pues el Señor está vivo y presente en medio de nosotros.
Que en este año de la misericordia, año de gracia del Señor, seamos verdaderos mensajeros del amor y la misericordia de Dios, hay que anunciar con fuerza y valentía la Buena Nueva, más que con nuestros labios que sean nuestras obras las que griten que creemos en Dios y que le den gloria. Anunciar la Buena Nueva es cumplir los mandamientos, es poner en práctica la Palabra de Dios, es aceptar su voluntad y amarnos unos a otros.
Estamos llamados a compartir con el que necesitado, hay que ser luz para los que viven en tinieblas, fortaleza de los débiles, consuelo de los que sufren, alegría de los tristes, compañía de los que están en soledad, comprensivos con todos…, tal vez parezca que esto no es posible realizarlo pero recuerda que para Dios todo es posible y no somos nosotros sino Dios en nosotros el que actúa porque el Espíritu del Señor está sobre ti, sobre mí y sobre cada uno de nosotros.
Que María madre de Dios y madre nuestra, que fue ungida con el Espíritu Santo y colaboró en el plan de salvación nos ayude a cada uno de nosotros a mantener viva la llama de la fe y ser instrumentos de amor, unión, justicia y paz en nuestras familias, en nuestros centros de trabajo y en nuestras comunidades.


Publicación arquidiocesana

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