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Homilía con ocasión del 194° Aniversario de la Independencia de Trujillo

MISA Estimados hermanos y hermanas Jesucristo es el príncipe de la Paz. Él es el único que transforma nuestros corazones para conseguir la paz anhelada. Esta transformación individual y social se inicia reconociendo que:

1. Nadie es inmortal, inmune e indispensable, aun así, todos tenemos responsabilidades que asumir, con Dios, con los demás, con uno mismo. Y todos tenemos que tener un espacio de reflexión, de análisis, de autocrítica. En este contexto, un gobierno, sea nacional, regional o local, que no se hace autocrítica y no se actualiza o intenta mejorar, es una institución enferma.

2. Nuestro país ha venido creciendo paulatinamente, pero enfrenta todavía los graves males y que generan preocupación y angustia en todos los ciudadanos. Cuando miramos nuestra sociedad, vemos todos con enorme preocupación cómo se incrementa la inseguridad, cómo se evidencia la corrupción y cómo falta la tranquilidad para quienes habitamos esta hermosa tierra.

3. Los asesinatos y el sicariato remecen varios lugares e involucran a adolescentes y jóvenes. Además el maltrato a la mujer y el desprecio de la dignidad de la vida humana, desde su concepción hasta la muerte natural, nos dan señales inequívocas del deterioro moral de nuestra vida social que requiere denodados y coherentes esfuerzos de todos; pero en primer lugar de nuestras autoridades.

4. En esta época navideña resuena con frecuencia “Paz en la tierra a los hombres de buen voluntad”. ¿De qué paz se trata?. La paz bíblica es un concepto de mucho contenido que implica bienestar, prosperidad, desarrollo, alegría, justicia. La paz bíblica significa también armonía entre el hombre y los demás, entre el hombre y el cosmos, entre el hombre y Dios.

5. La Paz bíblica también es vida, es amor, es salvación, es donación. Es solidaridad, reconciliación, fraternidad y comunión.

6. La paz en nuestra sociedad es entonces un reto que hay que construir cada día y cada momento; por eso el Evangelio dice “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mt 5,9). ¿Qué es trabajar por la paz?

7. Trabajar por la paz significa luchar contra la corrupción en todas sus formas. El Papa Francisco ha llamado a la corrupción “un mal más grande que el pecado” y ha dicho que “la corrupción es en sí misma un proceso de muerte”. Según el Papa esta realidad “se ha vuelto natural, al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en las contrataciones públicas, en cada negociación que implica a agentes del Estado. Es la victoria de la apariencia sobre la realidad y de la desfachatez impúdica sobre la discreción honorable”.

8. Y el pensamiento del Papa Francisco es muy claro contra las formas de corrupción que se deben perseguir con mayor severidad: “son aquellas que causan graves daños sociales, sean en materia económica y social, como en cualquier tipo de obstáculo que interfiere el ejercicio de la justicia con la intención de procurar la impunidad de los propios delitos o de terceros” (23 de Octubre 2014, discurso ante una delegación de la Asociación Internacional de Derecho Penal)

9. Ante esta realidad surge la pregunta ¿Qué debemos hacer?. La paz debemos construirla y para ello debemos desarrollar una permanente “cultura de paz”. Es una necesidad urgente educar para la paz, tanto en las instituciones educativas como en las múltiples instancias que contribuyen a la formación de las personas. Tenemos que asumir responsabilidades para hacer de este valor un eje transversal en los programas de gobierno de los próximos cuatro años.

10. Es de lamentar profundamente que muchas personas piensen que “no importa que las autoridades elegidas por ellos roben con tal de que hagan obras”. Esta forma de pensar debe desaparecer, como también debe destacarse en el mundo político que la conciencia personal debe primar sobre la consigna político-partidaria.

11. Las autoridades, para ello deben cumplir un rol activo y eficaz dentro de un marco jurídico coherente y de respeto a los derechos de las personas. Apostemos todos: ¡Por unos gobernantes limpios, honestos, respetuosos de los derechos humanos, dignos de ese nombre!.

12. Necesitamos, como dice el Papa Francisco, “rehabilitar la política”. No son cristianos aquellos que aunque llamándose tales, terminan envueltos en las redes de la corrupción, del narcotráfico y de la violencia. Estos son los “lobos rapaces disfrazados de ovejas” de los que habla el Evangelio (Mt 7, 15-19).

13. Necesitamos entonces construir una paz, es decir el progreso, basado en la honestidad en el ejercicio de la función pública. Montale, en uno de sus versos decía: “suceden hechos dignos de historia, pero indignos de memoria”. Una sociedad que construye la paz necesita hechos dignos de memoria, no solo hechos de historia.

14. Los medios de comunicación no pueden evadir su responsabilidad en la construcción de una “cultura de paz”. Por ello, un consenso por la paz requiere de una comunicación social auto-regulada desde los valores éticos y morales. ¡Tampoco debe haber una comunicación que corrompa el corazón y la dignidad de las personas!

15. Hermanos y hermanas: “No dejemos apagar la llama ardiente de esta paz encendida por Cristo”, para que todos seamos hombres de buena voluntad. Un refrán rabínico afirma: “Aquel que salva una vida es como si salvase el mundo”.

16. Finalmente, el Eclesiastés en 12,13 nos hace esta invitación: “Honra a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es ser hombre; que Dios juzgará todas las acciones, aun las ocultas, buenas y malas”.

+ HÉCTOR MIGUEL CABREJOS VIDARTE, O.F.M.
Arzobispo Metropolitano de Trujillo


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