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La formación y el rol de los maestros

maestros(Por: Prof. José Esquivel Granados - UCT) La formación y el rol de los maestros en el Perú merecen especial atención por sus peculiares rasgos. En el plano histórico, como se recuerda, el 6 de julio es el Día del Maestro, en mérito a la fundación por José de San Martín de la Escuela Normal. Todo empezó con buena voluntad.

En el decreto fundacional, que consta de una exposición de motivos y diez artículos, se inicia haciendo notar una expresión que sintetiza el espíritu de la norma: “Sin educación no hay sociedad”. Sin embargo, la Escuela quedó extinta a un año de su fundación.

Simón Bolívar dispuso, el 31 de enero de 1825, crear Escuelas Normales en todas las capitales de departamento, pero sólo quedó en documento. En las décadas siguientes prosiguieron los intentos por formar maestros, pero sin resultados.

En 1876 el presidente Manuel Pardo creó la Escuela Normal de Mujeres de Lima con decreto del 28 de junio y confirmada con resolución del 27 de julio del mismo año, justo un día antes de cumplirse su mandato. Funcionó en el Convento de San Pedro y la dirigieron las religiosas francesas del Sagrado Corazón. De esta Normal egresaron las primeras maestras del Perú.

Un episodio notable ocurrió el 28 de enero de 1905 con la creación de la Escuela Normal de Varones por el presidente José Pardo y Jorge Polar.

Concurrieron a estudiar en ella 44 jóvenes de todo el Perú; entre ellos José Antonio Encinas y Milenio Segura. Ambos regre-saron a sus lares natales para conducir los respectivos centros escolares de varones en Puno y Trujillo. Encinas publicó más tarde su enjundiosa obra titulada “Un ensayo de escuela nueva en el Perú”.

Es a partir de 1905, que la formación de docentes fue más regular. En 1928, el presidente Augusto B. Leguía transformó la Escuela Normal de Mujeres en Instituto Pedagógico de Mujeres; y la Escuela Normal de Varones en Instituto Pedagógico Nacional.

La formación de docentes rurales merece un acápite distinto, pues fue mucho más desatendida por los gobernantes de turno. Recién en 1932, por obra del sabio yungaíno Ignacio Amadeo Ramos Olivera, se fundó la Escuela Normal Rural Indígena de Tingua en Yungay, la única en su género en el norte del Perú.

De este centro, que empezó a funcionar en 1935, egresaron formidables maestros rurales, pero la desidia de los gobiernos y los ancashinos, la Escuela años más tarde cerró sus puertas y sus alumnos fueron absorbidos por el Escuela Normal de Chupaca en Huancayo.

En 1936 empezó la formación de docentes en la Universidad Nacional de Trujillo, con la fundación de la Sección Normal, por obra del eminente educador normalista Julio Eduardo Mannucci.
En general, las universidades en el Perú han tenido un despertar tardío en la formación de educadores.

En las aulas universitarias y de los institutos pedagógicos se debe entender que la educación debe estar al servicio del ser humano para que alcance un grado de bienestar social, al que podría denominarse redención. Y para alcanzar este anhelo se requiere de buenos maestros que innoven su práctica pedagógica.

No se puede formar ma-estros para el futuro con ideas y planes del pasado, ni maestros que eduquen con paradigmas impropios.

Atrás debe quedar el hecho de dejarse arrastrar por los paradigmas; pasar de la vieja postura docentrista, que consideraba al docente como factor protagónico del proceso formativo; pasar de la errónea postura paidocentrista, que considera al educando como eje de tal proceso. Se debe poner fin al hecho de ir de una antípoda a la otra.

Ambos, maestro y educando, son protagonistas del hecho educativo, donde el primero realiza una labor de acompañamiento del segundo para que pueda lograr una auténtica formación, y por lo tanto, no le cabe el simple rol de facilitador ni de guía.

La tarea de ir junto al discípulo debe ser la obra señera del buen maestro, una obra que se inspire en las acciones vívidas del Maestro de los Maestros, Jesucristo. Por eso educar, qué duda cabe, es un apostolado, una obra de auténtico servicio e infinito amor.

(Publicado en Emaús, julio 2014) 


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