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Mensaje del Arzobispo por Fiestas Patrias 2013

webmisatedeumCon ocasión del 192º aniversario de nuestra independencia quiero saludar al pueblo liberteño y al pueblo peruano; al mismo tiempo reflexionar a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia sobre algunos temas que preocupan a nuestro país, con el propósito de aportar, en mi condición de ciudadano peruano y Pastor de la Arquidiócesis de Trujillo, a la consolidación de nuestro sistema democrático en un clima de paz y bienestar para todos.

 

1. Es común preocupación la actual situación política, social y económica del país. La sensación de que “algo no anda bien”, la inseguridad ciudadana y el resquebrajamiento de la paz social aumentan en la población, especialmente en las familias más pobres, en las que el crecimiento económico no se ve reflejado.

2. Lo que ha sucedido con la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, del titular de la Defensoría del Pueblo y lo del Banco Central de Reserva por el Congreso de la República, ha afectado incuestionablemente el sentir del pueblo respecto a la actuación de sus representantes provocando frustración y malestar.

3. Cuando la población elige a sus representantes, busca a través de ellos que su voz sea escuchada, lo que permite el fortalecimiento de la democracia; por ello los destinos del país deben decidirse con criterios éticos, ponderados y transparentes, dejando de lado los intereses particulares y partidarios, priorizando el Bien Común de la sociedad a través de medios moralmente lícitos (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1903).

4. Como nos enseña el Concilio Vaticano II, el Bien Común encierra los derechos, valores y necesidades pertenecientes a todo hombre y va más allá de los intereses subjetivos o simplemente mayoritarios. Por ello es necesario afirmar que el orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas, ya que el orden de las cosas debe someterse al orden personal, y no la persona someterse al orden social. (cf.GS 26).

5. Cuando la política no está orientada al Bien Común pierde su rostro humano y la ausencia de sensibilidad para este bien, es un signo claro de decadencia de una sociedad. Al contrario, cuando el Bien Común se ejerce con miras al orden y a la justicia, alcanza el bienestar de las personas y de la comunidad.

6. Una buena preocupación comunitaria es el antídoto a un individualismo desenfrenado que, como el egoísmo ilimitado de las relaciones personales, puede destruir el equilibrio, la armonía y la paz en el seno de los grupos, de los vecindarios, de las regiones y de las naciones. Por lo tanto, no perdamos de vista la necesidad de tener como objetivo el Bien Común para nuestro Perú. Que nuestros actos respeten a la persona humana y su dignidad y no sólo pregonen el éxito individualista que no conduce a nada.

7. La historia nos ha demostrado que la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones del país, las que se ven legitimadas a través de la confianza de sus ciudadanos, como vínculo principal que nos otorga la seguridad de que sus gobernantes trabajan por el bienestar y el progreso de todos.

8. No olvidemos que el Bien Común beneficia a todas las personas, respetando su dignidad, dinamizando el desenvolvimiento de un orden social justo, que armoniza los aspectos individuales y sociales de la vida humana; por eso, debe ser siempre el fin último de toda acción individual, social y política.

9. Como nos enseñara el Papa Pío XII, debemos tener presente que un político cristiano nunca­ puede aumentar las tensiones sociales internas, dramatizándolas, descuidando lo positivo y dejando perder la recta visión de lo racionalmente posible.

10. Hoy, más que nunca debemos promover una sociedad que enaltezca el diálogo y la justicia social, una sociedad que hable de los jóvenes, de la vida y de los problemas de la gente.

11. Finalmente, invoco a un necesario reencuentro entre el pueblo y sus gobernantes, que recoja la relación inexorable que debe existir entre las decisiones de estos últimos, frente a los deseos y las necesidades de la población.

Desde nuestra fe en Cristo Resucitado “Camino, Verdad y Vida” reafirmemos la confianza en todos nosotros para hacer del Perú una Nación grande, solidaria y unida. Que el Perú en esta nueva etapa que se inicia el 28 de julio sea símbolo de paz y progreso con miras a seguir construyendo un futuro pleno de esperanza para todos los peruanos.

¡Felices Fiestas Patrias!
Trujillo, 26 de Julio del 2013


+ MIGUEL CABREJOS VIDARTE, O.F.M.
Arzobispo Metropolitano de Trujillo


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