facebook twitter icon youtube256

Vivir como resucitados

P. MARCO ANTONIO DVILA MONTALVOPor: P. Marco Antonio Dávila

¡Cristo ha resucitado! No es una buena noticia, es la buena noticia, la única, ya que todas las demás se incluyen en ella o se derivan de ella. Celebramos la fiesta de los cristianos, el evento de nuestra salvación: ¡Cristo muerto y resucitado! En la Pascua del Señor Jesús, hoy, la creación entera vive el grande paso de la muerte a la vida.


Desde los tiempos de la creación todo devenir del mundo, de la historia ha sido ya permeado de los frutos de este Evento maravilloso. Así, el caos de los orígenes llega a ser una armoniosa creación al servicio del hombre. Litúrgicamente podemos resumir la historia de la Pascua en breves pasajes.
En primer lugar, la fiesta agrícola: el paso del invierno a la primavera, de la esterilidad a la fertilidad, al florecimiento. Posteriormente, con la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto, la fiesta de la primavera adquiere un sentido más religioso, celebrativo. Así, Israel el día de Pascua, recuerda la noche de la liberación: el cordero de la última cena en Egipto; las hierbas amargas, signo de la esclavitud; el pan ázimo no levitado, signo del apuro con el cual el pueblo se ha debido preparar para salir de Egipto. El pueblo llega a ser testimonio de la potencia de Dios: la salida de Egipto, la apertura del Mar Rojo, la guía en el desierto, el maná y el agua; son todos signos que indican la fidelidad de Dios, el cuidado de Yahvé por su Pueblo elegido. Pueblo elegido, liberado de Egipto, del cual surgirá el Mesías, el Cristo, el Salvador, anunciado por los profetas como el cordero conducido al matadero. Cristo celebra su última cena con sus discípulos la tarde de Pascua. Ahora es Él la Pascua, Él es el “paso” de Dios en medio del pueblo. No más la liberación de Egipto sino del pecado. No más un animal sacrificado sino el mismo Dios hecho hombre que se inmola, ofreciendo su vida en la cruz para el sufrimiento del mundo. La Resurrección de Cristo es entonces para cada cristiano, como decía Guardini: «el punto culminante de la nueva condición, el vértice último de la “manifestación de la salvación”». Así, la resurrección de la carne no significa otra cosa que la resurrección del hombre: del hombre entero y verdadero, es decir, del hombre en toda su integridad y en toda su identidad. Así, la Resurrección de Cristo responde a una de las inquietudes más graves para el hombre: la muerte. Y es esencialmente en la Resurrección de Cristo donde encontramos su descanso y su respuesta. Esta inquietud tiene sólo sentido si creemos que “existe un descanso eterno para el pueblo de Dios” (Heb. 4, 9). Este descanso Eterno lo encontramos en Dios, en el autor de la Vida, tal como diría San Agustín: «la vida del cuerpo es el alma, la vida del alma es Dios».
La Resurrección de Cristo, entonces, llega a ser el verdadero motor que inunda toda nuestra existencia, nos lleva a atrevernos a vivir, a continuar caminando y construyendo a pesar de las dificultades. Basta abrir los ojos para ver la enorme cantidad de personas que viven resucitadas, el mundo está lleno de personas que viven la propia vida sin esperar la muerte. Ancianos que tienen el coraje de seguir viviendo, matrimonios que a pesar de los sufrimientos no pierden la sonrisa, misioneros que dan su vida por los demás, jóvenes que dedican su vida por los más olvidados del planeta, sacerdotes que continúan a transmitir felicidad en la vida; muchas, muchas personas resucitadas que viven con el alma entregada a los demás.
Posiblemente nos hemos acostumbrado a pensar que la resurrección es sólo una cosa abstracta o una simple creencia de cristianos ingenuos. Sin embargo, la resurrección para el hombre es siempre entrar en “más” vida. La resurrección es ante todo un don de Dios que la da a quien la pide, siempre y cuando, después de pedirla, se siga luchando por resucitar cada día. Querido lector, querido cristiano, proclamemos juntos que ¡el sepulcro vacío es la prueba!, nadie ni nada puede encadenar el alma desbordante de vida de Cristo, esta tumba vacía es la muestra auténtica que nuestro Señor es un Dios de vivos y no de muertos.


Publicación arquidiocesana

PORTADA EMAUS ABRIL 2015

Seminario Mayor San Carlos y San Marcelo

seminario trujillo

Basílica Catedral

basilica catedral de trujillo

universidad-catolica-de-trujillo

odec trujillo ok

virgen de la puerta

Arzobispado de Trujillo

Trujillo fue elevada a la categoría de Arquidiócesis por el Papa Pío XII, el 23 de mayo de 1943.

Actualmente la jurisdicción de la Arquidiócesis de Trujillo abarca las provincias de Pacasmayo, Otuzco, Santiago de Chuco, Julcán, Ascope, Virú, Gran Chimú, Chepén y Trujillo, en el Departamento de La Libertad.

 


Contactoescudo OK

Arzobispado de Trujillo
Sede Central:
Jr. Mariscal De Orbegoso 451 -
Apartado 42, Trujillo - PERÚ
Teléfonos: (044) 231474 / 201961 / 256812 -
Fax: (044) 231473
prensa@arzobispadodetrujillo.org

 

2013 - Arzobispado de Trujillo - Todos los derechos reservados. Desarrollado por: CECOPROS